HANNAH ARENDT

En 1951, Hannah Arendt escribió: "El sujeto ideal de un régimen totalitario no es el nazi convencido o el comunista comprometido, son las personas para quienes la distinción entre los hechos y la ficción, lo verdadero y lo falso ha dejado de existir".

viernes, 1 de julio de 2011

NEGRITOS, AFUERA

Cristina y Moyano ya no ocultan su hostilidad y las negociaciones salariales serán el “botín de guerra”

Antes era una “guerra fría”. Ahora comenzó a tomar temperatura. La Presidenta hizo evidente que quiere independencia política. En la CGT sienten que han sido ignorados y que el Gobierno fue ingrato con ellos, luego del apoyo brindado en momentos difíciles. Lo que viene, según analistas


Hugo Moyano debe sentirse peor que el más dolorido hincha de River, cuando recuerda las palabras que él mismo pronunció hace apenas tres meses.

"Los negritos tenemos que acompañar. Pero cuando llega el momento de armar las listas, quedamos afuera, tenemos que esperar. Esto no puede ser cuando fuimos nosotros los que armamos el peronismo".

Con esa frase, dicha en un acto público por el 35 aniversario del último golpe de Estado, el líder de la CGT dejaba más que clara su visión sobre cómo él debía ser tratado por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Pocos días antes, al convocar y luego anular un paro general, había afirmado que el verdadero motivo por el que sufría el acoso judicial era que "los trabajadores queremos llegar al poder y eso es lo que les molesta, pero ése es el objetivo y no lo vamos a abandonar".

Con el paso del tiempo, Moyano pasó a insinuar que él mismo quería ser Presidente (ante un estadio de River colmado, se comparó con Lula y dijo que tenía que llegar el día en que un trabajador llegara a ese cargo).

Ahí mismo sufrió el primer desplante, cuando Cristina Kirchner le contestó "yo también soy una laburante".

Luego, las versiones indicaron que el objetivo de Moyano era la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Pero sufrió el frío del boicot, cada vez que convocó a los intendentes peronistas y no logró el quórum para reunirse.

Más tarde, reclamó el cargo de vicepresidente para un hombre del movimiento sindical. Y todos los ojos miraron a Héctor Recalde que, entre bromas, confirmaba cuán halagado se sentiría si la Presidenta le hiciera el ofrecimiento.

Cuando se hizo evidente que esa aspiración tampoco se concretaría, Moyano apuntó sus cañones a lograr muchos lugares para los sindicalistas en las listas de candidatos a legisladores.

Pero la respuesta fue la indiferencia de Cristina, cuando decidió no asistir al acto en el que la CGT iba a "reventar la avenida 9 de Julio" para apoyar su reelección.

Y luego, se dieron las inocultables señales de que el Gobierno jugaba a favor de "los gordos" en la interna sindical, haciendo un sugestivo silencio cuando otros dirigentes postulaban públicamente a Gerardo Martínez como posible nuevo líder de la CGT.

¿Cómo se habrá sentido Moyano el sábado, al enterarse de que la respuesta a todos sus reclamos, a sus palabras de apoyo al Gobierno y a sus gestos de moderación en las paritarias terminó siendo el puesto número 11 para su hijo Facundo, mientras los muchachos de "La Cámpora" copaban las nóminas de candidatos?

Un dirigente sindical de uno de los gremios que apoya el liderazgo moyanista, en conversación off the record con iProfesional.com, lo puso en estos términos más que gráficos: "La cúpula de la CGT dijo ‘vamos a negociar, entonces vamos a pedir un lechón, una torta y un postre, para llevarnos el postre. Pero lo que ocurrió es que nos dijeron ‘ustedes no están invitados, no hay postre, tomá un caramelo'. La verdad es que yo, en lugar de Hugo, sacaría la candidatura de Facundo, porque es aceptar un caramelo".

Un sentimiento de ingratitud
"Los negritos", tal como expresó el líder cegetista, volvieron a quedar afuera. Y ahora la sensación es que la relación entre Moyano y Cristina ya entró en un nuevo período.

De la "guerra fría" en que se encontraba desde fines del año pasado, se pasó a una etapa claramente más belicosa, un conflicto menos tibio, y con riesgo de subir de temperatura en poco tiempo.

De hecho, la "calentura" fue el tema excluyente en la información política luego de la confección de las listas de candidatos.

"Cuando termina el cierre de una lista en todos lados queda gente caliente. Nosotros estamos dentro de ese contexto", fue le expresiva definición del taxista Omar Viviani, mano derecha de Moyano.

"Creemos que hemos sido un puntal importante para apoyar, como cuando fue lo de la famosa 125. Ahí la CGT jugo muy fuerte al lado del Gobierno, como en muchas otras oportunidades", fue la elocuente demostración de la ingratitud que siente la cúpula sindical.

En esa línea, Diego Serrano, uno de los principales consultores en cuestiones gremiales, recuerda que la Presidenta recurrió, en momentos claves de su período de gobierno, al apoyo del sindicalismo.

"El kirchnerismo pasó por momentos difíciles en lo político. Como en 2009, cuando todavía sufría las consecuencias del conflicto con el campo y tuvo la derrota en las legislativas, en un momento de recesión económica. Ahí la CGT sostuvo políticamente al Gobierno, dio apoyo, garantizó gobernabilidad y hasta moderó los pedidos de aumentos salariales", recuerda Serrano.

Su interpretación es que ahora la sensación de la jefatura sindical es que "pasaron de ser imprescindibles a ser ignorados".

Negociando desde la fortaleza
"La Presidenta tendrá sus razones. Pero uno en política se siente más tranquilo cuando le explican el por qué", señaló Julio Piumato en diálogo radial con Luis D'Elía.

Este último, es también otro dirigente que se mostró quejoso de haber recibido menos de lo que creía que correspondía por haber puesto al servicio del kirchnerismo su militancia piquetera, cada vez que se lo requirió.

Y, a la hora de buscar razones, vuelven a la mesa las especulaciones sobre si se acerca el momento en el que Cristina jugará la carta fuerte de darle al líder camionero el empujón final para desplazarlo de la jefatura cegetista.

A fin de cuentas, ya toda la clase política tiene asumido que, tal como expresó el gobernador salteño Juan Manuel de Urtubey, "Moyano es piantavotos".

En la opinión de analistas, la Presidenta -que aspira a ser reelecta en primera vuelta, con una intención de voto del 45% en casi todas las encuestas- lo último que necesita es el peso de "aliados" que resten más de lo que suman.

Analía del Franco, directora de la consultora Analogías, es contundente al respecto: "Si el Gobierno entendía que tenía que poner en caja al sindicalismo como para que se ubiquen, éste era el momento adecuado, porque Cristina está en su etapa más fuerte".

La interpretación de esta analista de opinión pública es que, con la confección de las listas de candidatos, la Presidenta envió un mensaje de independencia política no sólo hacia la cúpula de la CGT, sino también hacia el peronismo tradicional que asienta su poder en el dominio territorial del conurbano bonaerense.

"Pero no creo que se pueda considerar que Cristina quiso radiar a todo el sindicalismo, sino que se trata de una señal más específica hacia Moyano", agrega Del Franco.

"Hoy Cristina tiene todo: la imagen, los votos, la opinión pública, los gobernadores. Es su momento".

Esa línea de análisis coincide con el pronóstico que había hecho el politólogo Jorge Giacobbe, que daba cuenta de un escenario de bajas probabilidades para la convivencia política entre Cristina y el líder de la CGT.

"Cristina sólo va a presentarse a la reelección si considera que puede dominar el poder de Moyano. Si no, va a dar un paso al costado", advertía Giacobbe días antes de que la Presidenta confirmara su postulación.

Su interpretación es que, en cualquier caso, se requerirá de una gran habilidad negociadora.

Porque Moyano podrá estar debilitado políticamente, pero mantiene intacta su "capacidad de sabotaje", y no dudará en ponerla en práctica, si se siente acosado.

"No es que ahora van a empezar a hacerle paros a Cristina. Pero seguro que van a estar más prescindentes cuando el Gobierno tenga un conflicto político. Ya no le darán un cheque en blanco", opina Serrano quien, además, destaca que a partir de ahora el sindicalismo pondrá en revisión todos los temas que tenía "en el freezer".

¿Paritarias con nuevos interlocutores?
El ámbito en el que parece que el Gobierno asume mayores riesgos en el caso de una pelea con la CGT es en el de las negociaciones salariales.

No hay economista en la Argentina que no destaque el rol protagónico que jugará, a partir de 2012, el acuerdo entre empresarios y sindicatos para iniciar un proceso de "desindexación", que ponga paños fríos a la inflación.

Ello requiere de una cúpula sindical dispuesta a asumir el costo político de pedir ajustes salariales inferiores a la suba de precios. Algo que este año nadie estuvo dispuesto a hacer.

O, mejor dicho, nadie a excepción del líder cegetista, quien con la firma del 24% como ajuste salarial para los camioneros envió un mensaje sobre cuál debería ser "el techo" de las paritarias.

La pregunta obvia es: si costó convencer sobre la necesidad de "moderación salarial" a un Moyano que todavía se sentía aliado, ¿qué tan difícil será para el Gobierno convocar a un pacto social con un Moyano resentido?

Los dirigentes sindicales más enojados por la decisión presidencial ya insinúan que allí estará la hora de jugar sus cartas.

Lo hizo el sindicalista Juan Carlos Schmidt, quien rechazó el sexto lugar en la lista de diputados por Santa Fe, al afirmar que seguirá apoyando la candidatura de Cristina pero, se ocupó de afirmar: "Lo que venga después es otra discusión".

En tanto, el dirigente cercano a Moyano -que aceptó hablar off the record con iProfesional.com- fue más explícito: "Yo voy a seguir apoyando en tanto haya crecimiento de la economía. Pero creo que vamos a tener que sincerarnos y empezar a reclamar aumentos en función del costo de vida, no como hasta ahora que pedimos menos para quedar bien con el Gobierno".

Estas expresiones, de por sí, son un riesgo grande para un eventual nuevo mandato de Cristina, que sigue teniendo a la inflación como "el gran déficit de la gestión" (según expresó el propio Moyano).

"Hacia adelante, la apuesta del Gobierno es un nuevo armado. Acá hay síntomas de que hay cosas que van a cambiar en la interna de la CGT. Porque esta actitud de Cristina fue ampliamente festejada por ‘los gordos' como un retroceso de líder de los camioneros", afirma Serrano.

Y los hechos recientes parecen darle la razón. Un momento destacado fue el de los comicios en la estratégica elección en empleados de comercio, donde el Gobierno facilitó el triunfo de Armando Cavalieri.

"Tratar de influir en la interna sindical es algo connatural al kirchnerismo. Ellos han intentado involucrarse en la de muchas organizaciones. Sienten que si el movimiento gremial es parte del peronismo no hay motivos para no meterse también allí", es la explicación de Sergio Berensztein, director de la consultora Poliarquía.

No se sabe si, como ha trascendido en las últimas semanas, Gerardo Martínez será finalmente quien trate de ocupar el lugar de Moyano.

Pero de lo que no cabe dudas es de quienes están festejando, tras la presentación de las listas de candidatos que acompañarán a Cristina.

Las declaraciones de Carlos West Ocampo, dirigente del gremio de la sanidad y connotado representante de "los gordos", lo expresa de manera harto elocuente: "Ellos no se pueden sentir dolidos porque les hayan dado pocos cargos. La verdad es que no les deberían haber dado ninguno. Me horroriza la presencia de Facundo como diputado, que forma parte de una familia cuestionada por sus manejos".

"Deberían estar fuera de la CGT, ellos no tienen consenso y representan una expresión marginal del movimiento obrero", recalcó.

Una expresión que deja entrever la contienda, que cada día se hace más evidente, entre el Gobierno y los gordos con un Moyano que cada día "mastica más bronca", aunque esperará el momento justo para mostrar su poder de fuego.

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