Con la llamada crisis financiera internacional, en la Argentina y por ahora, el efecto más complicado que se vive, es en la caída pronunciada de las materias primas alimentarias exportables. En tan solo algunos meses, el derrumbe de los precios, sobre todo de la soja, ha modificado sustancialmente los números para los productores y el propio gobierno. Con los valores actuales del trigo, maíz y soja, de haber estado vigente aquella resolución de las retenciones, el campo estaría pagando al estado nacional un porcentaje notoriamente inferior al actual. En trigo se pasaría de un 28% al 23% de carga fiscal. En maíz, pagaría un 20%, contra el 25% actual. Hoy la soja cotiza en baja. En el mercado de Chicago, figura con un valor aproximado a los 364 dólares la tonelada. De haberse aplicado aquel esquema de las retenciones móviles, se tributaría un 35%. Algunos economistas oficialistas, ven en esta circunstancia, la confirmación de aquella política propuesta y rechazada. El gobierno, por supuesto también recaudaría muchísimo menos. Lo cierto es que la distorsión de los valores más o menos reales de la comida y el petróleo, en el mundo, tienen que ver con la especulación financiera que los infló en la búsqueda de una irracional rentabilidad ilimitada. La primavera agropecuaria se desplomó, no por la resolución 125, sino por el sinceramiento forzado de una economía invadida por la usura y la ficción. Se licuó bastante aquel margen, que les permitió a los productores encontrarle rentabilidad resarcitoria de las condiciones creadas, por la ausencia perversa de políticas agropecuarias de crecimiento a largo plazo. Desde el gobierno, que pretendió meter la mano en el bolsillo rural y a la salida del casino, se ha quedado en evidencia mayor aún. Lo que en su momento fue una ruleta obligada para muchos, se transformó en vicio peligroso para todos. No se puede vivir de la timba eternamente. La banca a la larga, gana. No hay política económica sustentable sobre la base de la usura y para colmo, ajena.HANNAH ARENDT
En 1951, Hannah Arendt escribió: "El sujeto ideal de un régimen totalitario no es el nazi convencido o el comunista comprometido, son las personas para quienes la distinción entre los hechos y la ficción, lo verdadero y lo falso ha dejado de existir".
lunes, 6 de octubre de 2008
IRONÍA
Con la llamada crisis financiera internacional, en la Argentina y por ahora, el efecto más complicado que se vive, es en la caída pronunciada de las materias primas alimentarias exportables. En tan solo algunos meses, el derrumbe de los precios, sobre todo de la soja, ha modificado sustancialmente los números para los productores y el propio gobierno. Con los valores actuales del trigo, maíz y soja, de haber estado vigente aquella resolución de las retenciones, el campo estaría pagando al estado nacional un porcentaje notoriamente inferior al actual. En trigo se pasaría de un 28% al 23% de carga fiscal. En maíz, pagaría un 20%, contra el 25% actual. Hoy la soja cotiza en baja. En el mercado de Chicago, figura con un valor aproximado a los 364 dólares la tonelada. De haberse aplicado aquel esquema de las retenciones móviles, se tributaría un 35%. Algunos economistas oficialistas, ven en esta circunstancia, la confirmación de aquella política propuesta y rechazada. El gobierno, por supuesto también recaudaría muchísimo menos. Lo cierto es que la distorsión de los valores más o menos reales de la comida y el petróleo, en el mundo, tienen que ver con la especulación financiera que los infló en la búsqueda de una irracional rentabilidad ilimitada. La primavera agropecuaria se desplomó, no por la resolución 125, sino por el sinceramiento forzado de una economía invadida por la usura y la ficción. Se licuó bastante aquel margen, que les permitió a los productores encontrarle rentabilidad resarcitoria de las condiciones creadas, por la ausencia perversa de políticas agropecuarias de crecimiento a largo plazo. Desde el gobierno, que pretendió meter la mano en el bolsillo rural y a la salida del casino, se ha quedado en evidencia mayor aún. Lo que en su momento fue una ruleta obligada para muchos, se transformó en vicio peligroso para todos. No se puede vivir de la timba eternamente. La banca a la larga, gana. No hay política económica sustentable sobre la base de la usura y para colmo, ajena.
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