miércoles, 8 de febrero de 2017

"EL SAMURAI DE CRISTO": EJEMPLO DE FORTALEZA EN LA FE Y ENTREGA EN LA CARIDAD.


      Ciudad del Vaticano (AICA): El papa Francisco recordó esta mañana, que ayer en Osaka, Japón, fue proclamado beato Justo Takayama Ukon -también conocido como “el samurai de Cristo”-,fiel laico japonés, muerto mártir en Manila en 1615. “Antes que hacer concesiones –dijo el Papa- renunció a honores y riquezas aceptando la humillación y el exilio. Permaneció fiel a Cristo y al Evangelio; por eso representa un admirable ejemplo de fortaleza en la fe y de entrega en la caridad”. El papa Francisco recordó esta mañana, que ayer en Osaka, Japón, fue proclamado beato Justo Takayama Ukon, -también conocido como “el samurai de Cristo”-,fiel laico japonés, muerto mártir en Manila en 1615. “Antes que hacer concesiones –dijo el Papa- renunció a honores y riquezas aceptando la humillación y el exilio. Permaneció fiel a Cristo y al Evangelio; por eso representa un admirable ejemplo de fortaleza en la fe y de entrega en la caridad”.
La beatificación del beato japonés tuvo lugar en Osaka y fue presidida, en representación del Santo Padre, por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. “Él nos deja el tesoro de una inmensa fe”, expresó el purpurado durante el rito de beatificación. Señor feudal y samurai en el Japón de las persecuciones perpetradas contra la “religión de Occidente”, eligió el camino de la humillación y del exilio antes que renegar de la fe cristiana. Habiendo perdido sus propiedades, su cargo, su estatus social, el honor y la respetabilidad, se convirtió en un vagabundo y fue obligado a exiliarse. Con su familia y otros 300 cristianos japoneses huyó a Manila, donde murió el 4 de febrero de 1615. En su homilía el cardenal Amato recordó hasta qué punto la Iglesia en Japón “fue bendecida con el espléndido testimonio de numerosos mártires” y de qué modo el beato Justo fue él mismo “un extraordinario testigo de la fe cristiana en tiempos difíciles, de contrastes y persecución”. “La beatificación de Justo –concluyó el cardenal Angelo Amato– es una semilla evangélica que la Providencia esparció en Japón y en el mundo. El ejemplo de nuestro beato nos impulsa a todos nosotros a una vida de fe y fidelidad al Evangelio de Jesucristo”. +

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