viernes, 23 de diciembre de 2016

EL PODIO DE GANANCIAS: GANADORES Y PERDEDORES DE LA ÚLTIMA BATALLA DEL AÑO.


     Por Perfil.- La novela del impuesto se hizo larga y adquirió ribetes insólitos. Quiénes salieron victoriosos y quiénes quedaron en falsa escuadra. A la hora de contabilizar los daños que políticamente hablando dejó la novela del Impuesto a los Ingresos, casi todos los sectores políticos terminaron con heridas. Hubo ganadores y perdedores y fueron muy pocos los que salvaron la ropa. El senador Miguel Angel Pichetto lideró el podio de los ganadores, no sólo por su muñeca parlamentaria, sino porque delineó dentro de la interna del justicialismo un espacio de encuentro y supo recoger el barrilete desde el consejo de "no calentarse para no perder", algo que Diego Bossio y Sergio Massa habían tirado por la borda unos días antes. Si de perdedores se habla, los saltos de Massa han quedado fijados en la opinión pública como algo de difícil explicación. Votar con el kirchnerismo y aceptar sumar proyectos, cuando la prolijidad de Marco Lavagna lo llevaba a un mejor puerto que la fe de erratas de Axel Kicillof, lo dejó expuesto al recuerdo de su paso como Jefe de Gabinete de Cristina Fernández.
Desde el "mazazo" que le significó haber perdido aquella votación en Diputados, el Gobierno tuvo que rebobinar y recurrió al ministro del Interior, Rogelio Frigerio, otro gran ganador de estos días, para emparchar el desaguisado. Resultado: desde lo fiscal el Gobierno terminó peor que como había empezado y tuvo que ir al pie de Pichetto y los gobernadores, finalmente ganadores desde la caja. Así como dentro del Gobierno, Frigerio tomó las riendas. El ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, quedó al margen de las negociaciones posteriores al revés que sufriera en Diputados el "proyecto madre" que impulsó en la Comisión de Presupuesto y Hacienda. Significaba un costo fiscal de $27 mil millones para 2017 y fue el puntapié del desmadre. Desde ese momento, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio; el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana y el titular de la AFIP, Alberto Abad, tomaron el timón de la negociación tripartita con los sindicatos, gobernadores y legisladores.


 Políticamente hablando, dentro del peronismo se fortalecieron los liderazgos de Juan Schiaretti y de Juan Manuel Urtubey, junto a los más jóvenes de la lista, Sergio Uñac y Domingo Peppo. Y aún con el descrédito que siempre arrastran, los sindicalistas de la CGT se convirtieron en el fiel de la balanza, ya que el peronismo estuvo de acuerdo siempre en aceptar lo que ellos negociaran y así ganaron protagonismo. Sin embargo, en el medio de esta movida dialoguista, los gremios del Transporte hicieron un paro, a las cinco de la mañana, para condicionar al Gobierno, pero, en otra cuerda, jugaron con el presentismo de muchos trabajadores. Pero hay que recordar que ese acercamiento de objetivos fue aceitado convenientemente por los aportes de los ATN. Y por último, hay que reparar en el kirchnerismo y en la actitud que tuvo en las dos cámaras. En el Senado no rompió el bloque y los legisladores se quedaron en el recinto para sustentar la abstención. En la Cámara Baja, se pararon y se fueron para marcar la cancha.