Por Fernando Gonzalez, Director Periodístico/El Cronista.-
La mañana de ayer pudo ser un punto de inflexión para Mauricio Macri. Si el kirchnerismo, los sindicatos y la izquierda hubieran convertido en ley el proyecto de doble indemnización, le habrían asestado al Gobierno uno de esos golpes que dejan groggy a los boxeadores y de los que cuesta reponerse. La mixtura persistente de promoción mediática y el despliegue de movilizaciones y protestas habían conseguido instalar en buena parte de la opinión pública la sensación de emergencia ocupacional. No es que la Argentina se parezca a un paraíso. Los despidos en el Estado, el tarifazo en los servicios públicos y la suba de precios post devaluación constituyen la principal preocupación de una sociedad agobiada. Pero la sanción del instrumento anti despidos parecía una victoria exagerada para una yunta de dirigentes repudiados en las urnas.
Ese es el escenario que evaluó hasta último momento Sergio Massa. El líder del Frente Renovador recorrió el borde del abismo, un juego que le fascina y que le ha dado tantas satisfacciones como disgustos en la reciente campaña presidencial. Pero esta vez Massa lo salvó a Macri y, a la vez, se salvó a sí mismo. No tenía alternativa. Un triunfo de la alianza entre Cristina Kirchner y Hugo Moyano también hubiera sido un golpe de nocaut para la savia renovadora con la que apuesta a reconquistar al peronismo e intentar la revancha por la Casa Rosada. El diputado que quiere ser presidente debió enfrentar la rebeldía light de su aliado, Facundo Moyano, quien suele entrar en pánico cuando debe elegir entre su herencia sindical y el demorado despegue a la madurez política. Massa lo convenció muy fácil.
Tratando de recuperar el tiempo perdido (una mala costumbre cada vez más frecuente), Macri salió rápido a mostrar que vienen meses de inversiones y puestos de trabajo. El y sus ministros se fotografiaron con directivos de Siemens, de Pampa Energía y de Mc Donalds para transmitir el optimismo que debe acompañar cada período de vientos en dirección contraria. Pero necesitarán mucho más que éso para convencer a la sociedad de que las medidas económicas conducen a la baja de la inflación, a la recreación del empleo y al retorno de la prosperidad extraviada desde el comienzo de esta década.
HANNAH ARENDT
En 1951, Hannah Arendt escribió: "El sujeto ideal de un régimen totalitario no es el nazi convencido o el comunista comprometido, son las personas para quienes la distinción entre los hechos y la ficción, lo verdadero y lo falso ha dejado de existir".
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