Por Fernando Gonzalez, Director Periodístico/El Cronista.-
Creo que el marco de esta causa debe investigarse y entenderse como un plan sistémico cuyo objeto fue el vaciamiento de las arcas públicas mediante la obra pública". La frase, concreta y brutal, no fue pronunciada por ningún jurista ni por algún intelectual. No pertenece a Lisandro De la Torre, ni formó parte del histórico discurso del fiscal Julio César Strassera que concluyó con el Nunca Más para la represión estatal. El plan sistémico para el vaciamiento de la Argentina mediante la obra pública es el tramo más impactante de la declaración ante la Justicia del valijero Leonardo Fariña. Ya no es una entrevista glamorosa en el programa de Jorge Lanata. Es el testimonio bajo juramento de un detenido que colabora con el juez para reducir su condena.
La Argentina sabe bastante de planes sistémicos o sistemáticos. Y habitualmente han sido parte de procesos negativos o directamente de tragedias. El plan sistemático para la desaparición de personas, puesto en práctica por la última dictadura militar, es uno de esos ejemplos en que la organización estuvo al servicio de un objetivo siniestro. Puede decirse también que, en la década del 90 que lideró políticamente el menemismo, hubo un plan sistemático para desmantelar el Estado y privatizar muchos de los servicios públicos sin medidas de regulación o de control ciudadano. Así llegamos hasta este tiempo en el que la corrupción ha dejado de ser una rémora indeseable de la función pública para convertirse en un plan de vaciamiento sistémico de las arcas públicas, tal como lo describe el autodidacta Fariña.
Es necesario que la Justicia investigue con decisión y condene las prácticas corruptas en la gestión de Estado. Sobre todo cuando ese fenómeno se convirtió en una telaraña estructural que involucra a la dirigencia política, a los empresarios, a los jueces, a los fiscales y que desciende hasta descomponer sin remedio el estándar moral del último de los ciudadanos.
HANNAH ARENDT
En 1951, Hannah Arendt escribió: "El sujeto ideal de un régimen totalitario no es el nazi convencido o el comunista comprometido, son las personas para quienes la distinción entre los hechos y la ficción, lo verdadero y lo falso ha dejado de existir".
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