HANNAH ARENDT

En 1951, Hannah Arendt escribió: "El sujeto ideal de un régimen totalitario no es el nazi convencido o el comunista comprometido, son las personas para quienes la distinción entre los hechos y la ficción, lo verdadero y lo falso ha dejado de existir".

jueves, 18 de agosto de 2011

James Tobin
JUEVES NEGRO

Crash Global: La Tasa Tobin enfurece al sector financiero

La Eurozona necesita dinero para pagar los salvatajes, y ha elegido al sistema financiero, hasta ahora subsidiado, donde recaudar a través de la resucitada Tasa Tobin. Los bancos se enojan con esa posibilidad. Sería el triunfo de Ignacio Ramonet, el editor de Le Monde Diplomatique.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El 15 de agosto de 1971, por orden del presidente Richard M. Nixon, el dólar estadounidense dejó de ser convertible en oro, incluso para gobiernos y bancos centrales extranjeros, liquidando el sistema de Bretton Woods, y el patrón oro. Con la adopción de un sistema de tipos de cambio flotantes y el fin de los controles sobre los movimientos de capitales, el economista estadounidense James Tobin sugirió un nuevo sistema para la estabilidad monetaria mundial y propuso que tal sistema debería incluir una tasa que gravara las transacciones comerciales internacionales. En 1971, Tobin, quien recibió el premio Nobel de Economía en 1981, lanzó una idea que fue resistida por el sistema financiero convencional, quien por entonces tenía más crédito político que hoy día.
La idea durmió en un cajón durante más de 20 años, rechazada por el propio Tobin, que decía haber sido malinterpretado.

Sin embargo, en 1997, durante otra crisis financiero, Ignacio Ramonet, editor del mensuario Le Monde Diplomatique, reimpulsó el debate sobre la creación de la Tasa Tobin y creó una asociación para promoverla: ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones y por la Ayuda a los Ciudadanos).

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) concluyó que la tasa Tobin permitiría recaudar, a escala planetaria, US$ 720.000 millones anuales, distribuibles a partes iguales entre los gobiernos recaudadores y los países más pobres.

Por su parte, el PNUD afirma que con el 10% de la suma recaudada sería posible proporcionar atención sanitaria a todos los habitantes del planeta, suprimir las formas graves de malnutrición y proporcionar agua potable a todo el mundo, y que con un 3%, se conseguiría reducir a la mitad la tasa de analfabetismo presente en la población adulta, universalizando asimismo la enseñanza primaria.

La tasa fue defendida parcialmente por el ex presidente francés Jacques Chirac, y es el antecedente para que lo haya reivindicado Nicolas Sarkozy, quien pertenece a la corriente conservadora que lideró Chirac.

Pero antes, cuando Hugo Chávez y Néstor Kirchner crearon el Banco del Sur, para mantener su autonomía con respecto a los organismos financieros internacionales (Banco Mundial, FMI, BID, etc.) su capitalización debía ocurrir con ingresos provenientes de una tasa Tobin introducida a escala regional.

Finalmente esto no prosperó por la presión de los respectivos sistemas bancarios.

Un desconcertado James Tobin murió cuando su nombre andaba en boca de millones de personas, en 2002. Ya habían transcurrido 3 décadas desde que presentó su tasa sobre las transacciones financieras. El movimiento antiglobalización hizo de ese impuesto la solución mágica contra la pobreza

Tobin dijo que se ha abusado de su nombre y su idea.

La tasa Tobin empezó a plantearse como respuesta a la crisis que sucedió a la quiebra de Lehman Brothers, en 2008.

Reino Unido, Francia y Alemania defendieron esta medida (para frenar la especulación y el riesgo) en la cumbre que el principal foro económico internacional contra la crisis, el G20, celebró en Pittsburgh (USA), en 2009. La implantación de la tasa se debatió en los sucesivos encuentros del G20, pero nunca se pudo consensuar.

Japón, Canadá o Australia (con sectores financieros que apenas sufrieron por la crisis), se negaron a aplicarla.

Ante la imposibilidad de que la tasa fuera internacional, USA y el Reino Unido también rechazaron su aplicación para evitar perjudicar a su sector financiero y evitar deslocalizaciones.

La cumbre de Toronto, en 2010, concluyó sin fijar ninguna tasa, dejando a cada país libertad de decisión.

El FMI, por su parte, se opuso a un impuesto sobre las transacciones aunque sí llegó a admitir otras medidas como un impuesto en función de los activos.

Algunos países ya tenían antes medidas en el ámbito nacional, como el Reino Unido o Brasil.

Pero en 2011 volvió a demandarse la creación de un impuesto a las transaciones financieras, tanto desde autores políticas y monetarias -Unión Europea- hasta ONGs como Oxfam.

La Tasa Tobin consiste en pagar un impuesto cada vez que se produce una operación de cambio entre divisas, para frenar el paso de una moneda a otra y para, en palabras de Tobin, "echar arena en los engranajes demasiado bien engrasados" de los mercados monetarios y financieros internacionales.

La tasa debía ser baja, en torno al 0,1%, para penalizar solamente las operaciones puramente especulativas de ida y vuelta a muy corto plazo entre monedas, y no a las inversiones.

La resurrección

La Comisión Europea reafirmó el miércoles 17/08 que propondrá un impuesto a las transacciones financieras no minoristas en la cumbre del G20 en noviembre. El anuncio se produjo 1n día después de que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller alemana, Angela Merkel, plantearan la misma medida en su plan para salvar a la eurozona.

Sus ministros de Finanzas trabajan conjuntamente en el impuesto, apoyando a la Comisión, y su plan estará en septiembre. La propuesta, pese a su falta de concreción y a sus escasas posibilidades de materializarse a corto plazo, enfureció ayer al sector.

Éste cree que se quedará en desventaja frente a las zonas que no tengan esta tasa. Además, el plan dividió a los países de la UE y provocó que las acciones de los bancos iniciaran la sesión con caídas.

Simon Lewis, consejero delegado de la Asociación de Mercados Financieros de Europa (que agrupa a grandes bancos intermediarios y mercados), afirmó que el sector financiero “no puede ser contemplado como una fuente adicional de ingresos tributarios, sino como una parte esencial para el crecimiento de la economía”.

Lewis incidió en que muchas transacciones financieras se realizan por cuenta de clientes, a los que se les repercutirían los costes de la tasa.

Deutsche Boerse, por su parte, lamentó que el impuesto generaría un incentivo adicional para que las transacciones financieras se trasladen a los mercados donde la jurisdicción no es aplicable.

Pese a la falta de consenso, Bruselas ha trabajado en su implantación, trascendiendo oficiosamente planes como gravar la compraventa de acciones y bonos con 0,1% o 0,01% para derivados financieros.

Jon Peace, analista de la banca Nomura, calcula que la Unión Europea podría recaudar entre € 30.000 millones y € 50.000 millones al año con estos porcentajes.

Pero estos cálculos pueden quedar en nada por las divisiones internas.

Irlanda exigió ayer que la tasa se aplique a toda la UE, no sólo a la zona euro. Esto es compartido por Bruselas pero difícilmente lo aceptará el Reino Unido.

Según explica un informe de urgencia del Banco Espírito Santo, la Unión Europea recaudaría entre € 25.000 millones y € 40.000 millones al año.

Pero, tal como ocurre con la mayor parte de los analistas bancarios que han estudiado la aplicación de la medida -de la que se desconocen los detalles-, el informe descarta que la tasa tenga más ventajas que desventajas.

La principal, sin duda, es que una gran parte del volumen de las transacciones financieras se desplazarían a los países que no lo aplican.

"Se necesitaría consenso de toda Europa y, por supuesto, de Estados Unidos", declaró un analista. "Aunque entendemos el carácter político de esta medida, nuestro mayor temor es que incluso una tasa mínima pueda conllevar una gran pérdida de cuota de mercado en Europa en beneficio del resto del mundo", aseguran estos expertos en la nota.

En 2009, la administración de Barack Obama propuso implantar un impuesto sobre las transacciones financieras que tuviesen lugar en USA.

El secretario del Tesoro de USA, Tim Geithner (ex Goldman Sachs), se opuso a ello por entender que una tasa semejante sólo tendría sentido implantarla a escala planetaria, ya que de lo contrario los países que no se viesen afectados por la misma recibirían gran cantidad de volumen de mercado en detrimento de las áreas más reguladas.

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