martes, 6 de junio de 2017

SE ESTABILIZA LA NEGOCIACIÓN SALARIAL COMO PARTE DE UN PROCESO DE MÁS PRODUCTIVIDAD.

      Por Julián de Diego*/El Cronista.- La firma de distintos convenios en torno del 20 al 23% abonados en dos o tres cuotas sumado a la cláusula gatillo que garantiza la inflación con una última cuota, es la fórmula que finalmente se ha impuesto en los acuerdos salariales. Solo se esperan casos de excepción en algún sector altamente conflictivo, o que están atravesando por una etapa muy positiva de crecimiento. Se termina así con el fantasma de que los salarios y el costo laboral vigente se viera potenciado por una serie de ajustes que traspasaran límites de razonables.
Es más, los informes privados indican una necesaria caída del nivel del IPC en los próximos meses, lo que contribuiría como incentivo para plantear en las empresas, en los sindicatos, y a nivel convencional, que deben formularse reformas que hagan una contribución sistémica a mejorar los parámetros tóxicos. Sin embargo, nuestro país viene experimentando y sigue atravesando un importante proceso de regresión que combinan el más alto costo laboral de la región con la más baja productividad.

En rigor, los futuros inversores no solo ven el marco laboral, sindical, fiscal y lo relativo a la seguridad jurídica, sino que relevan la incidencia del costo y los parámetros básicos de la producción y su vulnerabilidad. A iniciativa de la industria petrolera reformando los sistemas existentes, y la consolidación de un nuevo modelo para Vaca Muerta y para las explotaciones no convencionales, tiene todavía un largo proceso de instrumentación gradual, en el contexto de una seria crisis que tiene por delante años para poder visualizar una recuperación razonable. En rigor, nuestro regreso al mundo real y occidental es un proceso que llevará tiempo. Vengo de Italia, donde pude comprobar que Europa está en crisis y en decadencia, donde no se crece o se crece en niveles insignificantes hace muchos años. No solo no están en condiciones alentadoras para invertir en sus países, sino que las empresas se han debilitado al punto de hacer una selección muy cuidadosa de dónde invertir. Para ello han seleccionado dos tipos de objetivos. 

Los países que brindan condiciones ideales para producir por su bajo costo y alta productividad, y los países que brindan condiciones ideales para consumir por sus altos niveles de ingresos per cápita. Hoy nosotros no estamos bien posicionados en ninguno de los dos casos, salvo en lo que hace a la actividad agropecuaria, en la cual se centran la mayoría de las expectativas. El Papa Francisco, en su visita de la semana pasada a Génova, clamó por la responsabilidad social del Estado y de los inversores por más ‘ocupación’, o sea, por más empleos u oportunidades de trabajo para las personas que solo pueden vivir de su actividad productiva. Lo hizo en un contexto donde la inversión no es sinónimo ni siquiera es una aproximación, que garantice mayor empleo. En sentido contrario, la interacción transversal de las nuevas tecnologías está produciendo el fenómeno de la sustitución a través de la robótica, los sistemas informáticos, y sobre todo, en el reemplazo de funciones y de operaciones, por medios operados en su mayoría por los usuarios sin intervención humana.

 La uberización de los sistemas tradicionales que tienen por fin la eliminación de la intermediación, como ocurre con el transporte, el mantenimiento, la vigilancia, la limpieza, la logística, el delivery, y otras, son cada vez más dinámicos. El contacto directo entre quién produce y el que consume sustituye mediadores que arbitran los precios, y todo ello es posible a través de una aplicación que sencillamente relacione a ambos. La búsqueda del mejor precio y de las mejores condiciones de pago en hotelería, turismo, y viajes es un ejemplo de la optimización de los beneficios, y de la mejora real de la relación precio calidad que se ofrece en un sinnúmero de actividades industriales, de medios de producción y sobre todo de servicios. El mejoramiento paulatino de la productividad, de la calidad de nuestros servicios, la eliminación de intermediaciones tóxicas, y la reformulación laboral previsional y fiscal del modelo de relaciones laborales, puede transformar a nuestro país en atractivo. Para lograrlo es imprescindible afrontar las reformas, ya que sin ellas, poco o nada ha cambiado en nuestro país para que terceros confíen en nosotros. 

 *JULIÁN DE DIEGO Profesor de Derecho del Trabajo y Director del Posgrado UCA