miércoles, 19 de abril de 2017

PERSONALIZAR EL PAPELÓN.

      Por Ricardo Kirschbaum/Clarín.- Verónica Magario ha firmado los patrulleros de La Matanza. Si le puso su nombre a los nuevos patrulleros para que se hablara de ella tal vez crea que la gente, acosada por la inseguridad, unirá una cosa con otra. Corre el riesgo de que le salga el tiro por la culta y la ineficiencia policial no se la atribuyan a la gobernación sino a la intendenta, porque muchas veces la gente no distingue lo que los políticos creen claro. Pero no se puede negar: el efecto está logrado. Si es a favor o en contra, eso es otra cosa. Y por verse. Magario es bien conocida en La Matanza: gobierna el municipio más extenso y poblado de los distritos bonaerenses. Tiene el peso de una provincia mediana en población. Los planes para dividir La Matanza han resurgido de la mano de la gobernación y del Frente Renovador. Magario se opone a que le balcanicen el territorio aunque, ya se sabe, la extensión de los problemas allí y su envergadura haga que su resolución sea muy difícil. La política todo lo puede y la inscripción del nombre de la intendenta en las puertas de un patrullero no es lo más serio que, en materia de personalismos, se ha hecho en los últimos años.

 Basta con recordar que hasta Julio De Vido tiene una calle con su nombre (!). Magario quiere saltar a las ligas mayores y hacerse conocer más en la Provincia. Pero a lo que apostó y apuesta es a hacerse más visible ante Cristina Kirchner, por si la ex presidenta resuelve no presentarse a las legislativas. Se postula a ser su delfín. Esta vez la operación de marketing fue reconocida por Alejandro Rodríguez, jefe del gabinete matancero: tiene la intencionalidad política de difundir la imagen de la intendenta Magario. Viniendo del kirchnerismo que en el gobierno municipal de La Matanza encontró trabajo y refugio, el reconocimiento no debiera ser considerado poca cosa. Apenas asumió en 2015, Magario dio asilo en su territorio a una aglomeración de ex funcionarios kirchneristas. Rodríguez, que fue ministro de Asuntos Agrarios de Scioli, Debora Giorgi, ministra de Industria de Cristina, Roberto Feletti, ex vice de Economía. Hay más nombres. El operativo puede catalogarse dentro de las triquiñuelas políticas, o si se quiere dentro de la psicología o la psicología social y sus variantes. También, muy dentro del ADN K. 

Fue la propia Cristina Kirchner la que se encargó de difundir pocos días atrás que un par de científicos habían bautizado unos hallazgos paleontológicos como Argentinala Cristinae, Tupacsala niunamenos y Kirchnerala treintamil son. Tampoco en este caso se puede saber de antemano su impacto de marketing electoral. El argentinizado o kirchnerizado latín denomina a fósiles hallados en La Rioja. Explicó la ex presidenta que se trata de “una serie de especies, géneros, familias y órdenes de insectos de 325 millones de años”. Y amplió que ese bautismo era un “apoyo a causas y dirigentes que, en estos momentos, sufren los ataques del Gobierno y su alianza política”. Después siguió explayando sus conocimientos en entomología: se trata de libélulas, “los insectos alados más antiguos del mundo”. Desafío para científicos y políticos: establecer si se trata de ciencia política, de ciencia o simplemente de ciencia ficción. Seguro, de fanatismo. Magario, como se ve, no está sola. Mario Ishii la acompaña, como Festa de Moreno y Jorge Macri, en Vicente López. Hicieron lo mismo que la intendenta de La Matanza, creyendo que así trascienden. En fin, un papelón.

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