Por Luis Majul/La Nación.-
El editorial de Luis Majul en La Cornisa.
A continuación, la desgrabación de sus principales conceptos:
No lo decimos nosotros. Lo dice casi toda la oposición. Incluso lo admiten algunos ministros del gobierno: el presidente Alberto Fernández está aferrado a la pandemia. O mejor dicho: a la correcta decisión de evitar contagios masivos y miles de muertes, ordenando una cuarentena estricta. Cuarentena a la que decidió estirar quince días más, con el acuerdo de todos los gobernadores, como se encargó de destacar un aviso oficial con el título Argentina Unida.
Pero Alberto Fernández se enoja cuando los medios y la oposición describen a su estrategia sanitaria como una jugada de conveniencia política. Como siempre, el más gráfico para definirla fue Luis Juez. Dijo: "El Gobierno está agarrado al coronavirus como cordobés al fernet".
Juez, pero también una parte de la sociedad, gente pensante y que invita a pensar, como Laura Di Marco, María Julia Oliván y Federico Andahazi, se hacen la pregunta correcta. ¿Por qué tenemos que hablar solo de la famosa curva aplanada? ¿Por qué no podemos hablar, también, de la economía que se derrumba, del aumento de la inflación, la desocupación, qué pasará de 9 al 24 por ciento, de la pobreza, que ya estaría en el orden del 38 por ciento, del dólar a 120, el riesgo país a más de 4 mil puntos y del peligro de default?
Comprendemos por qué al Presidente no le gusta esta agenda extra-sanitaria. Inteligente y previsor como es, imaginará que, al poner estos graves asuntos sobre la mesa, los niveles de aceptación de los que goza ahora -solo alcanzados, en su momento, por Néstor Kirchner y Raúl Alfonsín- se podrían empezar a aplanar un poco. O mucho, como la curva de contagios del Covid-19. Pero nosotros somos periodistas. Los sanitaristas que se ocupen del coronavirus. Nuestro trabajo consiste en iluminar las cuestiones que el poder pretende ocultar.
El mismo razonamiento corresponde aplicar a la audaz y peligrosa jugada multipropósito de Cristina Kirchner. La vicepresidenta presionó a la Corte Suprema, junto a su asesora jurídica en el Senado, Graciana Peñafort, para recuperar centralidad, porque su imagen viene cayendo sin prisa y sin pausa. Convalidó el llamado a la violencia que impulsó la misma Peñafort al amenazar con "escribir la historia con sangre o con razones".
Logró que la Corte, al rechazar su planteo, admitiera que el Senado puede sesionar de manera virtual. Pero Cristina le puso un broche de oro a la tramoya al escribir: "Listo. El Congreso de la Nación ya puede sesionar virtualmente y nadie podrá cuestionar esa modalidad para la sanción de las leyes. Fin". "Listo" y "fin".
¿Por qué "listo" y "fin"? ¿Qué significa "listo" y "fin"? En este contexto, "listo" y "fin" no suenan como expresiones democráticas. Tienen un perfume pendenciero. Suenan más al recordado: "La tenés adentro (LTA)" de Diego Maradona. O al agresivo llamado a su militancia, con aquella frase muda que decía: "Vamos por todo". No es el lenguaje de una política que busca el consenso, es de barrabrava.
En fin. Cristina, con el "listo" y el "fin" pretende que se le reconozca el "gol" que acaba de meter con la mano. También pretende que el mundo caye para siempre. Nosotros no nos vamos a cayar. Porque detrás de la maniobra de Cristina hay algo más. Muchas cosas más:
1. El intento de provocar renuncias en la Corte Suprema, para lograr un tribunal adicto. Una que le asegure impunidad en causas como Obra pública, Cuadernos de las coimas, Los Sauces y Hotesur.
2. El intento de discutir, de manera virtual, sólo el proyecto del Impuesto Patria, de su hijo Máximo Kirchner. Es para posicionarse a la izquierda de Alberto, y recuperar la centralidad perdida.
3. El intento de preparar a su tropa para las elecciones legislativas del año que viene. El objetivo final es encaramar al propio Máximo o al gobernador Axel Kicillof como el próximo candidato a presidente de la Argentina. Sí. O Máximo o Axel 2023. Ni más ni menos.
Waldo Wolff denunció a Graciana Peñafort por incitación a la violencia. Además, argumentó que Graciana no puede estar de ambos lados del mostrador. Que no puede ser, por un lado, abogada de Amado Boudou, condenado, por haberse querido robar la máquina de hacer billetes y, por el otro, defender los intereses de la Nación, con su cargo en el Senado.
Pero hablando de la desesperación de Cristina por recuperar la centralidad y de tomar el poder en su propio beneficio, quiero detenerme en tres cuestiones muy relevantes.
El papel de Cristina en el escandaloso pedido del secretario de Derechos Humanos,
Horacio Pietragalla,
para mandar a la casa al corrupto confeso
Ricardo Jaime,
liberar a
Luis D´Elía
y
Martín Báez.
El papel de Cristina en el intento de liberar a miles de presos por la gran excusa del coronavirus, impulsado por el juez de la Casación de la provincia, Víctor Violini, y el miembro de la Comisión de la Memoria, Cipriano García. Es un verdadero escándalo.
Esto es información nueva y exclusiva. Se trata del uso discrecional y sin control de casi mil millones de pesos, correspondientes a un fondo extraordinario, el llamado
Fondo Especial de Reserva del Senado,
que Cristina maneja a su antojo desde el 26 de febrero pasado, cuando declaró la emergencia edilicia en el Senado. Ella declaró la emergencia antes de la gran excusa de la pandemia. Esto implica, que con la emergencia, puede hacer lo que se le encanta con esos fondos.
Sobre los pedidos oficiales de Pietragalla de soltar a los presos de la corrupción k, y la avanzada de otros delirantes para liberar a miles de presos en la provincia, hay algo que Cristina podría hacer, si es que de verdad no está detrás de ambas iniciativas. Podría negarlo públicamente. Decir: estoy en contra. Y dicho sea de paso, el presidente, Alberto Fernández, también debería aclararlo.
Sobre el Fondo Especial de Reserva del Senado. El lunes, Silvina Martínez, especialista en temas de corrupción, va a elevar un pedido de informes al propio Senado para lograr que el fondo vuelva a ser manejado de manera transparente y no discrecional. Silvina Martínez quiere saber:
Si
Cristina Kirchner
declaró la emergencia edilicia con el objetivo de no mostrar a nadie ni someter a control en dinero que viene gastando de ese fondo extraordinario.
Si es verdad que Cristina habría usado parte de ese fondo en pagar, sin licitación y por contratación directa, un alquiler, fuera del Senado, en vez de reparar las oficinas que ella sostiene que están en malas condiciones.
Si es verdad que dejaron el plazo fijo sin usar pero tomaron los millonarios intereses para utilizarlos como "caja chica".
El Fondo Especial de Reserva del Senado ascendía, antes de terminar 2019, a casi mil millones de pesos. Con semejante suma se podrían adquirir, de acuerdo a los precios sugeridos por el gobierno nacional, por lo menos 1400 respiradores.
A esto le llamamos "La cajita de la felicidad", porque manejar fondos públicos sin tener que rendir cuentas es lo que más felicidad les da a los funcionarios dispuestos a meter la mano en la lata.
