martes, 24 de julio de 2018

MACRI Y SANTIAGO MALDONADO.

Forzando la realidad 

Por Alfredo Leuco/Tribuna de Periodistas.- Hay funcionarios de Cambiemos y del Partido Justicialista, en los gobiernos nacional y provinciales, que tratan de aportar racionalidad republicana y para eso combaten y aislan a grupos minoritarios pero muy violentos que intentan instalar el caos 2001 todos los días. Esta suerte de rebelión antidemocrática cotidiana tiene tres jefes que forman una sociedad de hecho donde cada uno aporta una cuota de autoritarismo mafioso y de nafta para multiplicar el fuego. Ellos son los que amenazan a Macri y a las instituciones. De los tres líderes hay uno que está preso, Facundo Jones Huala y dos que recorren el camino para serlo: Cristina y Moyano.
Ellos saben perfectamente, porque no mastican vidrio, que si la situación económica se normaliza positivamente, los jueces apretarán el acelerador del puñado de causas que cada uno tiene en la justicia y eso los llevará irremediablemente, más temprano que tarde a la cárcel. Eso es lo que los mueve. El miedo a que se haga justicia. A que se termine la impunidad. No es patriotismo ni vocación de servicio la que lleva a Cristina y a Moyano a intentar volver a la presidenta ella y a atornillarse en la cima de camioneros, él. Los más violentos y bizarros son los integrantes del “mapuchismo” como los llama el intendente de Neuquén, Horacio “Pechi” Quiroga. Siempre hay que aclarar que, de nuestra parte, hay repudio absoluto a los que discriminan a los pueblos originarios. La inmensa mayoría de los Mapuches en la Patagonia, se han integrado con una actitud pacífica que tuvo como banderas el esfuerzo para progresar y vivir en libertad con un gran respeto por sus costumbres y creencias. Pero hay un grupo de presuntos iluminados que se creen la vanguardia revolucionaria que están liderados por Facundo Jones Huala. Utilizan un lenguaje mesiánico, jurásico y setentista y una metodología ilegal porque queman camiones, agreden a policías y civiles, cortan rutas, y se apoderan de terrenos muy caros por su ubicación porque dicen que la Machi, una suerte de sacerdotisa, les indica que ese lugar es territorio sagrado. 


 Pero como si esto fuera poco, se vinculan a los grupos más ultras del kirchnerismo y la izquierda y reaccionan con piedras, bombas molotov, palazos, caras encapuchadas y, en algunos momentos, con armas de fuego. Lo más insólito es que estos mapuches, repudiados hasta por la inmensa mayoría de los verdaderos mapuches, creen en la fundación de una Nación dentro de nuestra patria. Ellos no tienen problema en reconocer que no se sienten argentinos. Desconocen nuestras leyes pero apelan a ellas cuando son detenidos o juzgados. No es casual que la misma abogada, ligada ideológicamente al CELS, cuasi propiedad de Horacio Verbtisky, atienda tanto a Jones Huala como a Milagro Sala. Hablo de la doctora Elizabeth Gómez Alcorta, una chica de San Isidro admiradora de Fidel Castro. En su delirio insurreccional hay viejos guerrilleros que creen que la destrucción del capitalismo actual viene por el lado de los reclamos de los indígenas tantas veces postergados. Y fomentan y apañan su accionar agresivo y patotero. Y le dan apoyo logístico y presionan para que Jones Huala no sea extraditado a Chile donde es reclamado por delitos graves contra la propiedad privada. Y le aclaro que quien hizo ese pedido fue el gobierno socialista de Michelle Bachellet a quien no podrían acusar de derechista o integrante de un gobierno opresor de las minorías. Agitar el mapuchismo anti sistema es peligroso. Los habitantes de la Patagonia en su mayoría les tienen miedo pero repudian sus acciones violentas. Muchas veces destruyen infraestructura que mejora la calidad de vida de los más pobres y en otras ocasiones, espantan al turismo que es la principal fuente de ingresos y de trabajo por aquellos pagos. Además, en las refriegas constantes, siempre hay peligro de que ocurra alguna tragedia mayor. 

Ya pasó con la muerte de Santiago Maldonado. Se ahogó en el río porque no sabía nadar y porque uno de los presuntos solidarios mapuches, hizo abandono de persona y después cometió falso testimonio. Lo dejaron que se muriera en el frío de esas aguas y ocultaron esa situación para disparar la más grave y mentirosa campaña para la fabricación de “el primer desaparecido de Macri”. El que hizo punta fue Horacio Verbitisky que tituló así su nota. “Macri ya tiene su primer desaparecido”, más una expresión de deseo de su fanatismo que alguna información rigurosa. Después armaron una mentira tras otra hasta lograr engañar a una militancia que quería creer en eso y lo creyó. Un caradura que debería estar preso dijo que con binoculares que luego perdió y arriba de un caballo vio cómo se llevaban a Maldonado en un camión de Gendarmería. Era tan grande su necesidad de hacer coincidir sus deseos con la realidad que solo faltó que dijeran que lo habían secuestrado en un Falcon sin chapa. Terrible y descomunal mentira que manchó la lucha por los derechos humanos tanto como lo hicieron Hebe Bonafini y Sergio Schocklender y sus pesadillas compartidas con dinero sucio que nunca apareció. Abogados que usurparon siglas de organismos históricos fueron los guionistas de las mentiras. Docentes y artistas kirchneristas y hasta Cristina repitieron la consigna: “Donde está Santiago Maldonado”. La ex presidenta, en su sobreactuación, hasta llevó una foto de Maldonado a una misa del obispo Fernando Maletti donde fue increpada por la madre de una víctima del siniestro de Estación Once. “Asesina”, le gritó la madre de Tatiana Pontiroli. Maletti, obispo de Merlo suele acompañar a los piqueteros Cayetanos que se referencian en Juan Grabois y el Papa Francisco a las reuniones con el gobierno. 

 La negación de la militancia K fue tan grande que aún hoy siguen hablando de la desaparición y muerte de Santiago Maldonado como si hubiera sido asesinado en una mesa de tortura en un campo de concentración clandestino o en la ESMA. Es tan grande su necesidad de que la historia se repita que intentaron convertir al joven artesano en una suerte de Che Guevara de estos tiempos, llevando su imagen barbada y sus ojos tristes a afiches, banderas y ahora a una película que cierra un capítulo nefasto: la apropiación de la figura de Santiago Maldonado. La ideologitis, la ideología inflamada y la falta de comprensión de lo que pasa en la Argentina real, los hace repetir los mismos esquemas y los mismos errores. Hoy Maldonado quiere ser elevado a la categoría de mártir kirchnerista cuando se trataba de un artesano que murió ahogado en un río e insisto abandonado en forma oportunista por los que usurpan también la cultura mapuche. Y ahora se viene la película. “El camino de Santiago”, se llama y fue dirigida por Tristán Bauer. El guión es de Florencia Kirchner y Omar Quiroga (que le supo escribir los textos a Diego Capussotto). La voz en off es de Darío Grandinetti y la música de León Gieco. La producción, entre otros, es de Osvaldo Papaleo quien supo ser el secretario de prensa de Isabel Perón y amigo de José López Rega, (a) “El brujo”, el fundador y ejecutor de la Triple A, un grupo parapolicial que asesinó a mansalva a militantes de la izquierda y de los derechos humanos entre otros. Es muy cruel que se utilice en forma tan burda la muerte accidental, dolorosa como toda muerte, pero falsamente heroica de Santiago Maldonado. El grupito autoritario de la Resistencia Ancestral Mapuche que lidera Jones Huala y la Columna Cristina Vuelve Recargada que conducen Horacio Verbistky y Máximo Kirchner necesitaban un mártir y un poster. Pese a sus mentiras no pudieron lograrlo. No hubo secuestro, ni desaparición ni tortura ni asesinato. Pero ellos redoblaron la apuesta. Su principal enemigo suele ser la realidad. Y si es necesario hay que dinamitarla. En eso son expertos y eso es lo que hicieron siempre los K: dinamitar la realidad.