Por Diario HOY.-
La Argentina desolada en su producción es algo que se puede explicar sólo por la falta de políticas activas por parte del kirchnerismo, que al igual que en otros aspectos de la gestión, se sumerge en dudas y desatinos imposibles de ocultar. Una vieja lección popular asegura que un país sin producción, es un país destinado al fracaso y al decrecimiento permanente de sus riquezas. Esta máxima de la sabiduría de la calle, ha impactado de gran manera en la economía nacional de la última década.
En la Argentina se ponen más trabas a los sectores productivos para realizar inversiones, se los maltrata y aporrea desde las cadenas nacionales, se les obstaculiza el acceso al crédito y se crean leyes con el objetivo central de dañar a los posibles inversores.
Para el sector productivo, que apuesta al crecimiento del país y pone dinero de sus propios bolsillos y arriesga invirtiendo en la economía local, la Argentina ha dejado de ser un país próspero, yéndose esos capitales para países que poseen reglas de juego claras y no cambian sus leyes a cada rato por beneficios personales, casos Brasil, Uruguay, Chile, Perú, Colombia y Bolivia.
El gobierno no tiene ninguna clase de estrategia para salir de la propia encrucijada a la que se ha llegado por su propia impericia e incapacidad para conducir los destinos económicos del país, de ahí que acudan como gran esperanza de crecimiento a los capitales provenientes de China, sin pensar en el daño que ello puede traerle a la Argentina al corto y mediano plazo.
Un relato que se desmorona
En los últimos años ha habido una consecución de caídas que ha sido avalada por el Indec, que llevó a que la Argentina quedara expuesta a los efectos de la crisis mundial. Disminuida la cuestión cambiaria y sin política industrialista por delante, el relato oficial se quedó sin nada.
A pesar de todo, el gobierno niega enfáticamente que la producción en la Argentina esté en crisis. “Antes de buscar relatos o títulos grandilocuentes, la Argentina debe volver al mundo y mantener políticas de sentido común maduras y razonables que no vayan a contramano del mundo. Cómo entender que en la década donde han sobrado dólares y no hay inflación, Argentina y Venezuela tienen inflación y control de cambio. Para muestra basta con un botón”, expresó a Hoy el economista Carlos Melconián.
Para el director de M&S Consultores, “la Argentina se debe, tanto en materia de trabajo como en industria, volver a la competitividad, ya que hoy nadie quiere contratar una persona nueva en su empresa por lo pesado que es tributariamente y en leyes lo laboral, entonces con ponerse los pantalones largos este tema debe solucionarse ampliamente”.
“Acá si a cada cosa que quiera hacerse se le va a llamar pasado liberal o neoliberal, estamos fritos.
Argentina tiene que volver a la competitividad, no puede permanecer así su sector trabajo, donde un trabajador que se lleva 100 pesos a la casa, al que lo emplea le cuesta 180, y cuando lo toma no puede hacer nunca más un cambio interno en su producción, eso es un gran problema”, destacó Melconián.
Nuestro país debe retomar la ruta del mundo, y de la competitividad, esto es como jugar en la Primera C en la Argentina o ir a jugar a la Premier League en Inglaterra, pero para ir a jugar en la Premier League en Inglaterra se tiene que ser competitivo, y la Argentina se ha olvidado del término competitividad.
Lo que en Argentina el kirchnerismo llamó política industrialista, no fue más que una explosión cambiaria que acompañó el resurgimiento luego de una gran crisis como la del 2001, pero a la que poco a poco se la fue comiendo la inflación, dejando en claro que política industrialista verdadera no hubo, sino que sólo fueron parches que no sirvieron para tapar el verdadero problema que atraviesa el país.
El capital chino, un problema
La Argentina de hoy muestra grandes niveles de desigualdad, que quedan claros en cualquier sector de la actividad nacional. El de la industria es uno de ellos, ya que mientras los empresarios argentinos deben pagar innumerable cantidad de impuestos, a los extranjeros, principalmente capitales de origen chino, se le dan todo tipo de facilidades para hacer negocios.
En los últimos días de diciembre, el Senado de la Nación aprobó un convenio con China que establece facilidades para los capitales asiáticos que vengan a invertir en el país, dejando de lado a la poca industria nacional que todavía sigue en pié.
El convenio con China establece mecanismos de financiamiento sin licitaciones, no se le ha dado lugar al equipamiento y a la producción nacional, es todo importado, nada se produce en nuestro país, con lo que las consecuencias sociales de este convenio serán muy negativas para la Argentina.
Según consta en el artículo 4 del convenio que ratificó la Cámara Alta, nuestro país a cambio de financiamiento para grandes obras de infraestructura, como represas, ferrocarriles, energía o agricultura, se les dará grandes excepciones impositivas que ponen a la producción nacional en evidente desventaja frente al capital oriental.
También concede facilidades para que cualquier ciudadano chino pueda instalarse en la Argentina "para la realización de actividades lucrativas, ya sean laborales o profesionales, como empleados o por cuenta propia". Queda claro, para los de afuera todo, para los de adentro, nada.
Brasil, un modelo a seguir
Hace pocas décadas atrás, Brasil venía a buscar a la Argentina a sus principales mentes para poner en marcha un país productivo. Hoy, nuestro país está retrasado en materia económica, y compararse con Brasil es una utopía.
Mientras el país carioca se mete de lleno en el mundo siendo la sexta economía del planeta, la Argentina, que supo ser potencia en los años 50, ahora se ubica más cerca de los países africanos, que de las economías productivas.
El gigante sudamericano supo moldear una economía sin banderías políticas, y ya sea gobernando el PT de Lula o la socialdemocracia de Fernando Henrique Cardoso, se sigue una misma línea pensado más en el bienestar de los brasileros que en beneficios particulares.
Brasil supo aprovechar la gran liquidez de dólares y hacer valer eso para el crecimiento de su industria; en cambio la Argentina, se sumergió en cepos cambiarios y políticas restrictivas de acceso a las monedas extranjeras, que la ha alejado del mundo y la acerca al abismo.
Dos visiones de la realidad, mientras Brasil crece a ritmo sostenido y lleva adelante la mayor reconversión de pobres dentro de la Clase Media; la Argentina, lleva a más de la mitad de sus habitantes por debajo de la línea de la pobreza, con las consecuencias sociales que ello conlleva para el futuro del país.
