Por Alejandro Propitkin*/Agenda Oculta.-
Los casos de las gestiones fraudulentas de YPF y Aerolíneas Argentinas son un ejemplo del doble discurso del Gobierno Nacional. El palabrerío insustancial sobre la patria y la soberanía nacional ocultan el fraude y los delitos económicos que tanto las empresas privadas como el Estado llevaron adelante durante esta “década ganada”.
Nos tocó recientemente participar de investigaciones de contabilidad forense de las empresas emblemáticas YPF y Aerolíneas Argentinas. Encontramos entre ambas varios aspectos en común.
Las dos resultaron privatizadas y luego estatizadas. Ambas fueron mal gestionadas y brutalmente saqueadas.
Pudimos comprobar que la española Repsol llevó a cabo el vaciamiento de YPF en su propio beneficio. Además del uso de los recursos financieros, se traspasaron activos valiosos de YPF a Repsol. Mientras YPF se insolventaba, Repsol se capitalizaba. Estudios comparativos así lo demuestran. A pesar de ello, le iniciaron a Argentina acciones ante tribunales internacionales.
También constatamos que el grupo Eskenazi-Petersen ingresó a la empresa como accionista sin aportar dinero propio, y su gestión fue tan mala como la española.
En solo tres años se la perjudicó en 5.000 millones de dólares.
La estatización de la empresa fue un manotazo de ahogado, con poca chance de alcanzar un salvataje exitoso a corto plazo, a pesar de que el país cuenta con reservas energéticas de enorme valor.
Como broche de oro de este desquicio, el gobierno argentino está negociando con Repsol el pago de una indemnización de 5.000 millones dólares: un premio por llevar la empresa al borde del abismo.
Aerolíneas Argentinas, por su parte, fue esquilmada en sus activos en beneficio de Iberia. Cuando no tuvo más valor empresarial ni posibilidades de seguir operando, la SEPI estatal española la vendió a un dólar al Grupo Marsans, y se hizo cargo de los pasivos por 300 millones de dólares que entregó a la empresa privada española Air Comet (a su vez compradora de Aerolíneas) para que los cancele.
Pero los muy pillos directivos de Air Comet no solo no utilizaron el dinero como estaba previsto, sino que lo emplearon para cometer delitos: “compraron” los votos para asegurarse el éxito del acuerdo del concurso preventivo presentado. Los pasivos impagos se pagaron tiempo después con fondos del estado argentino, en contra de lo dispuesto por la ley que estatizó la compañía. Esta maniobra quedó comprobada recientemente en España, cuando un juez de la Audiencia Nacional de Madrid, condenó a los directivos de Air Comet por evasión fiscal y lavado de activos en ese país. Un escándalo mayúsculo. España protegió sus intereses, benefició a sus empresas y condenó a sus delincuentes.
En cambio, Argentina se hizo cargo de una deuda que no le correspondía.
Pero eso no es nada. Mediante estudios de contabilidad forense comprobamos que Aerolíneas y Austral sobreviven gracias a los enormes recursos que el tesoro argentino le viene aportando, sin parar, desde 2009 a la fecha. El salvataje debió haber insumido cuanto mucho un año, para luego dejar andando las aerolíneas por sus propios medios. En lugar de ello se siguen aportando recursos desproporcionados, indefinidamente. Sin estas siderales inyecciones de fondos las empresas hubieran colapsado. La AGN y la SIGEN afirmaron que Aerolíneas se encuentra legalmente en liquidación, y no se equivocaron. Esta empresa ya se llevó, en solo cuatro años, 2.600 millones de dólares de los argentinos, que nunca se recuperarán.
Aerolíneas y Austral no cubren con el precio de los pasajes ni siquiera los costos y gastos directos, tales como combustible, personal operativo, gastos de mantenimiento y despacho de vuelos. Cuanto más vende, más pierde. Los gastos de administración, por su parte, crecen sin límite, cuando se esperaba una reducción para así alivianar la crisis.
Existen irregularidades en todos los aspectos del manejo de las empresas: contables, financieros, patrimoniales, económicos, societarios y administrativos. Los balances se esconden a los ciudadanos.
Las sospechas de fraudes y delitos económicos son muy fuertes y concordantes, confirmadas por el ocultamiento y demora en las rendiciones de cuentas por parte de las empresas, además del descontrol y la ausencia del sistema básico de gestión. Es un verdadero caos. Fraude y delito caminan juntos en las aerolíneas cooptadas por una dirigencia para nada profesional.
YPF ya ha mostrado sus cartas de fracaso y riesgo inminente. Las consecuencias son la importación de energía con el consiguiente drenaje de las alicaídas reservas del tesoro nacional.
Aerolíneas, por su parte, caerá tan pronto como el tesoro deje de inyectarle recursos, porque es una empresa dependiente, donde el desmanejo y las sospechas de fraude se advierten a la distancia.
Esperamos que se tome a tiempo la real dimensión del peligro latente y se lleve a cabo un real saneamiento y reconducción de ambas empresas, en favor de todos los argentinos.
Resulta necesario que se lleven a cabo las investigaciones judiciales contra las gestiones privadas y públicas que actuaron indebidamente, tanto en YPF como en Aerolíneas Argentinas.
* Alfredo Popritkin, ex perito contador de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, experto en la investigación de delitos económicos y presidente de la ONG "Contadores forenses".
