Por Milton Merlo/Ámbito.-
El colaborador del fiscal Nisman que le llevó el arma ya se encuentra bajo la custodia del Ministerio de Seguridad, alojado en un hotel a partir de la certeza de que recibió documentación clave en su encuentro final con Nisman. Ese hombre, cuya identidad permanece en secreto, es el último que vio con vida al fiscal. El valor de los secretos que resguarda debe calcularse a partir de la realidad de que 15 hombres lo custodian luego de que éste haya exteriorizado temer por su vida. "Si me dejan solo no llego a hacer 200 metros", escuchó el juez De Campos.
La Corte Suprema de Justicia fue ayer uno de los epicentros más determinantes en los cuales tuvieron lugar las conversaciones sobre el escándalo político que inquieta al kirchnerismo. El encuentro de Ricardo Lorenzetti con Roberto Godoy ( decano de los peritos) fue ayer en sintonía con el clamor político para que la Corte siga de cerca la investigación del juez Manuel de Campos.
En el cuarto piso de la calle Talcahuano ya se conoce que el magistrado será reemplazado en dos días por la jueza titular Fabiana Palmaghini, quien se encuentra de vacaciones en Brasil. Por su parte, el juez federal Ariel Lijo retornó en forma anticipada de sus vacaciones, y habilitó la feria judicial. Ayer al mediodía se presentó en las que fueran las oficinas de Nisman con el objetivo de resguardar las evidencias de la causa por presunto encubrimiento.
Movimientos coordinados que cuentan al momento de entender la polémica que desde hace dos meses el kirchnerismo mantiene con el Poder Judicial. Ocurre que el oficialismo ha decidido ubicar a Lorenzetti como el punto final de casi todos sus desmadres procesales y a Lijo como su operador principal en el fuero federal. Esto a partir de ciertos encuentros organizados entre jueces para discutir sobre la reforma Procesal Penal que rechazan. El rol supuestamente activo de Lijo en esos conciliábulos llegó a Balcarce 50 gracias a un extenso y colorido relato, cortesía de Norberto Oyarbide. Forma curiosa de devolver la gentileza que tuvo el juez en asistir a la celebración de su aniversario en el fuero federal, celebrada a mediados de 2014. Sólo dos de sus pares asistieron.
Lijo está al frente de la causa que investiga el supuesto encubrimiento de la llamada pista siria, expediente que protagonizan exfuncionarios judiciales, políticos y de inteligencia. Una de las novedades más recientes de ese expediente, o al menos la que más le ha interesado al oficialismo, tiene que ver con un durísimo fallo de la Cámara revisora de esa causa que firmaron Carlos González, Gustavo Bruzzone y Jorge Rimondi a fines de 2014.
Ese fallo objetó el proceder del magistrado en el expediente, le requirió reportes mensuales de los avances y, según se deslizó en el despacho de Rimondi, faltó poco para pedir el apartamiento del juez. El interés del kirchnerismo en ese documento radica en la por ahora tenue posibilidad de que el magistrado decida que el presunto encubrimiento de la pista iraní que denunció Nisman se investigue en un expediente aparte del de la pista siria. La Cámara Federal debería sortear el caso para un nuevo juez.
El comunicado emitido por el gremio de jueces fue el primero de una saga que arrancó recién a partir de la muerte de Nisman. Ese respaldo fue esquivo cuando el canciller Héctor Timerman descalificó la denuncia del fiscal. Es entendible: a pesar de lo que se conocerá en las próximas horas, Nisman no era un funcionario con grandes amistades en los tribunales. Una distancia cimentada a partir de su condición especial de trabajo muy distinta a la de sus pares (instruía una sola causa, tenía presupuesto propio y 40 personas a su cargo) así como también por rasgos particulares de su personalidad, como, por sólo mencionar un ejemplo, los cambios constantes en la tonalidad de su mirada.
