YPF, de la privatización a la expropiación. Henry Kissinger, ex secretario de Estado de Ronald Reagan, jugó un papel clave en 1998 para que la compañía vinculada con España hiciera pie y después se quedara con Yacimientos Petrolíferos Fiscales. En noviembre de 1998, el entonces secretario de Energía, César Mac Karthy, lanzó la venta del último paquete accionario que el Estado argentino aún mantenía en YPF. Se trataba del 14,99 por ciento, ya que para esa época la mayoría del capital de la petrolera estaba en manos privadas desde la sanción, el 23 de septiembre de 1992, de la ley que habilitó la privatización de la empresa. El gobierno de Carlos Menem convocó a dieciséis compañías internacionales a cotizar, aunque solamente seis preclasificaron para presentar sus ofertas económicas. Esas seis empresas estaban reunidas en cuatro grupos: los italianos del Ente Nazionale de Idrocarburi (ENI) junto a Pérez Companc, la norteamericana Amoco asociada con British Petroleum (BP), la francesa CGN y Repsol, ambas en solitario. Algunos de estos aspirantes, en forma individual, ya poseían participaciones accionarias de YPF, como era el caso de Pérez Companc, quien a través de Inter Río Holding Inc. ostentaba el 1,90 por ciento de la compañía. En 1994, Pérez Companc en sociedad con Sade (por entonces perteneciente a Techint) y Occidental Petroleum, ya habían logrado la concesión de varias áreas petroleras, como el caso de Puesto Hernández, que comprendía 535 pozos de los que un total de 359 estaban produciendo unos 40 mil barriles diarios de crudo con una reserva comprobada de 106 millones de barriles. Ver más
Repsol, por su parte, tenía objetivos más amplios con relación a YPF. No sólo aspiraba a la compra del quince por ciento de la petrolera argentina sino que tenía decidido adquirir la mayoría del capital. Esta estrategia de expansión incluía yacimientos en otros países, como Bolivia, México y Venezuela. Para concretar estos objetivos, el entonces CEO de Repsol, Alfonso Cortina, confiaría el diseño y puesta en funcionamiento de estos planes a Kissinger, McLarthy & Associates, la consultora fundada por el ex secretario de Estado norteamericano y Nobel de la Paz, Henry Alfred Kissinger. Los máximos referentes de dicha empresa con sede en Washington eran Stephen Donehoo, un ex entrenador de tropas de elite y comandos especiales en Centroamérica, y William Rogers, también ex funcionario de los gobiernos republicanos de Richard Nixon y Gerald Ford. En el caso de Repsol, el encargado de monitorear los detalles para el control de YPF fue Nelson Cunningham, aunque el propio Kissinger desempeñaría un papel crucial en las negociaciones llevadas a cabo en nombre de sus clientes españoles.
La consultora norteamericana decidió operar sobre el denominado precio de corte de cada acción de YPF que el gobierno argentino ponía en venta. Se trata del valor mínimo o piso a partir del cual los oferentes debían hacer sus propuestas de compra. Una vez presentadas las ofertas en sobres cerrados, el gobierno establecía el precio de corte de cada acción. En diciembre de 1998, la acción de YPF cotizaba a 29 dólares.
El 10 de diciembre de 1998, Henry Kissinger llegó a Buenos Aires. En las horas posteriores mantendría varias reuniones en la capital argentina y fue recibido en la Casa Rosada por Carlos Menem. Horas después ambos viajaron hasta Anillaco, donde el visitante pernoctó un día y luego regresó a Estados Unidos. En los días subsiguientes, Nelson Cunningham –que había acompañado a Kissinger– se encontró en varias ocasiones con Roberto Dromi, uno de los arquitectos de las privatizaciones menemistas.
Pasada la navidad de aquel 1998, venció el plazo para que las seis compañías interesadas en el quince por ciento de YPF presentaran los sobres con sus ofertas y así lo hicieron. Lo que sucedería en las siguientes semanas no fue muy conocido. El martes 5 de enero de 1999, el entonces ministro de Economía Roque Fernández fijó el corte de cada acción de YPF en 38 dólares por acción. El 28 de enero se abrieron los sobres y casi se produce un escándalo. Tres de los grupos empresarios cotizaron entre 29 y 33 dólares por acción. Repsol fue la única que había clavado su propuesta de compra en exactamente 38 dólares, coincidiendo extrañamente con el mínimo establecido por el gobierno. Repsol pagó 2.011 millones de dólares por el 14,99 por ciento de YPF.
Pocas semanas después, Repsol puso en marcha el segundo tramo de su plan, esta vez para quedarse con el control absoluto de YPF. El 29 de abril de 1999, Alfonso Cortina anunció en Madrid una Oferta Pública de Acciones (OPA) por el 85 por ciento del capital de YPF, proponiendo pagar 44,78 dólares por acción. Finalmente, la OPA se cerró el 21 de junio siguiente, cuando Repsol ya se había hecho con el 72,30 por ciento de YPF. El monto de la inversión fue de 14.437 millones de dólares.
Tiempo más tarde, se supo que Kissinger percibió alrededor de 200 millones de dólares por sus servicios de asesoramiento a Repsol. Las gestiones del ex jefe de la diplomacia norteamericana no se limitaron solamente a hacer lobby ante las autoridades argentinas para favorecer a Repsol sino que también persuadió a varios tenedores privados para que vendieran sus acciones de YPF a los españoles. Es muy posible que uno de ellos fuera Pérez Companc, quien para aquellas fechas de 1999 se deshizo del 1,90 por ciento de las acciones a cambio de 163,1 millones de dólares.
Repsol asumió el control de 60 áreas centrales y secundarias que estaban en manos del Estado y de varias empresas privadas; al 30 de enero de este año, 28 de esas áreas estaban prácticamente inactivas, con una producción media diaria de menos de diez metros cúbicos de crudo al día. Esto explica, en parte, el deterioro de los niveles de producción de petróleo en el país, que entre 1998 y 2011 bajó en 15, 9 millones de metros cúbicos, De ese total, unos 8,6 millones de metros cúbicos de merma son responsabilidad directa de Repsol. Pero no solo está el caso español. Por ejemplo, la empresa Tecpetrol, controlada por el Grupo Techint de la familia Rocca, posee la concesión de 18 áreas petroleras, pero mantiene 11 inactivas. Una de las zonas más importantes es El Tordillo, compuesta por 846 pozos y 47,7, millones de barriles de petróleo. Cuando el gobierno de Menen le entregó dicha área, Tecpetrol tenía un capital de 4.660 dólares y su presidente, José Luís Lanziani, en agosto de 2000 se convertiría en asesor de Débora Giorgi, cuando la hoy ministra de Industria asumió como secretaria de energía durante el gobierno de Fernando de la Rúa.
Tampoco está claro qué ocurrirá con las acciones que el Grupo Eskenazi mantiene por ahora en YPF. En 2007 compraron el 14,90 por ciento y el año pasado otro 10,56 por ciento. Por el total del 25,46 del paquete accionario de YPF los Eskenazi –a través de Petersen, Thiele & Cruz– se endeudaron por 3.539 millones de dólares, con créditos otorgados por la propia Repsol y varios bancos, que tienen como garantía las acciones a pagar con las utilidades de YPF.
Hasta ahora el grupo Petersen ha cancelado préstamos equivalentes al siete por ciento de las acciones que adquirió, y el 12 de mayo próximo debe cancelar un vencimiento de 500 millones de dólares.
Semejante cuatro de situación precipitó los acontecimientos. Los españoles –en un desesperado intento de evitar ser eyectados de YPF– presentaron un plan de inversiones “para reactivar la producción en un treinta por ciento”. En el escrito que el CEO de Repsol Pedro Brofau presentó el pasado 2 de abril, indicaba que carecían de los fondos necesarios para llevar a cabo las inversiones necesarias que se requerían para concretarlo, pero omitió decir que ya había iniciado contactos con la estatal china Sinopec.
Nadie cree que lo que vendrá será sencillo. Los españoles han comenzado con represalias comerciales –cancelación de compras de biocombustibles a la Argentina– y se da por descontado que presentarán una demanda ante el Comité Internacional de Arbitrajes y Controversias Internacional (Ciadi), que depende del Banco Mundial. Se requerirá un gran esfuerzo para poner en pie a YPF, y el camino pareciera ser no una nacionalización de la empresa, sino la búsqueda de socios en el sector privado y estatal de otros países. En el caso del 54,6 por ciento que Repsol tenía en YPF Gas Natural, por ejemplo, Julio de Vido, ya inició conversaciones con los franceses de Total Gas. Asimismo, el ministro-interventor acaba de ofrecer a la presidenta de Brasil, Dilma Rouseff, la posibilidad de que Petrobras aumente su participación en el mercado hidrocarburífero argentino hasta un 15 por ciento. Todo recién comienza.
