HANNAH ARENDT

En 1951, Hannah Arendt escribió: "El sujeto ideal de un régimen totalitario no es el nazi convencido o el comunista comprometido, son las personas para quienes la distinción entre los hechos y la ficción, lo verdadero y lo falso ha dejado de existir".

martes, 25 de octubre de 2011

LA SANTA SEDE PIDE REFORMAR EL SISTEMA FINANCIERO INTERNACIONAL


En la Sala de Prensa de la Santa Sede se presentó ayer una nota del Consejo Pontificio Justicia y Paz titulada: "Para una reforma del sistema financiero internacional en la perspectiva de una autoridad pública de competencia universal". 

En la presentación intervinieron el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, presidente del Consejo Pontificio; el secretario de dicho consejo, monseñor Mario Toso SDB, y Leonardo Becchetti, profesor de Economía Política de la Universidad "Tor Vergata", de Roma. El cardenal Turkson se refirió a la sexta reunión de los Jefes de Gobierno del G-20 que se celebrará los días 3 y 4 de noviembre en Cannes (Francia) para abordar cuestiones relativas a la economía y la finanza mundial. "El Santo Padre y la Santa Sede -dijo- siguen estas cuestiones con mucha atención exhortando y alentando constantemente no sólo 'a una acción de conjunto', sino a una acción basada en una 'visión clara de todos los aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales'. Con este espíritu de discernimiento, la Santa Sede, a través de la nota del Pontificio Consejo Justicia y Paz ofrece y comparte su aporte que puede ser útil para las deliberaciones del G-20". El obispo Toso explicó que la nota del Consejo Pontificio "quiere proponer una reflexión sobre los posibles caminos a recorrer -en línea con el más reciente magisterio social de los pontífices- para alcanzar políticas e instituciones financieras y monetarias eficaces y representativas en el orden mundial, y orientadas a un desarrollo auténticamente humano de todas las personas y pueblos". Al afrontar la cuestión de la actual crisis del sistema monetario y financiero, la Iglesia no desea adentrarse en cuestiones técnicas, sino que se mueve en el plano de su competencia ética y religiosa. Así, señala como causas de la crisis no sólo las de carácter ético, sino más específicamente, las de tipo ideológico. Tras el ocaso de las viejas ideologías, han surgido nuevas, no menos peligrosas para el desarrollo integral de la familia humana. Estas repercuten negativamente sobre el sistema monetario y financiero internacional y globalizado, provocando desigualdades en cuanto a desarrollo económico sostenible, así como graves problemas de justicia social, poniendo a dura prueba sobre todo a los pueblos más débiles”. Son las "ideologías neoliberales, neoutilitaristas y tecnocráticas que, al tiempo que marginan el bien común en favor de dimensiones económicas, financieras y técnicas absolutas, ponen en riesgo el futuro de las instituciones democráticas mismas".

El prelado aseguró que es necesario superar esas ideologías mediante un "nuevo humanismo global, abierto a la trascendencia, una ética de la fraternidad y la solidaridad, así como la subordinación de la economía y la finanza a la política, responsable del bien común".

En cuando a las vías de solución, el Consejo Pontificio propone, retomando el magisterio social de los pontífices, especialmente de Juan XXIII y Benedicto XVI, "que la globalización sea gobernada mediante la constitución de una autoridad pública de competencia universal".

Sugiere también reformar las actuales instituciones internacionales, que "deben ser expresión de un acuerdo libre y compartido entre los pueblos; más representativas; más participativas; más legitimadas. Deben ser 'super partes', al servicio del bien común de todos, capaces de ofrecer una guía eficaz y, al mismo tiempo, de permitir que cada país exprese y persiga el propio bien común, según el principio de subsidiariedad, en el contexto del bien común mundial.

“Solo así las instituciones internacionales conseguirán favorecer la existencia de sistemas monetarios y financieros eficientes y eficaces, o sea, mercados libres y estables, disciplinados por un adecuado cuadro jurídico, dirigidos al desarrollo sostenible y al progreso social de todos".

“La Autoridad mundial deberá entender su facultad de orientar y decidir, así como de sancionar sobre la base del derecho, como un ponerse al servicio de los varios países miembros, para que crezcan y posean mercados eficientes y eficaces".

Para que todo ello sea posible, es preciso recuperar "el primado de lo espiritual y de la ética y, con ello, el de la política, responsable del bien común".

Respondiendo sobre algunas coincidencias con los pedidos de los “indignados”, el prelado mantuvo las distancias, recordando que “la base es la doctrina social de la Iglesia y su centro es la dignidad de la persona humana”.

Además, “no es un documento papal, y ni siquiera de la Secretaría de Estado –precisó el portavoz vaticano padre Federico Lombardi--. Es un aporte del Consejo Pontificio Justicia y Paz. Por tanto, no es de magisterio papal sino de un autorizado dicasterio de la Santa Sede”.

El presidente del Consejo Pontificio recordó la sintonía del actual documento con la Pacem in Terris, la Populorum progressio, la Caritas in Veritate, y concluyó con las palabras de Benedicto XVI: “La crisis nos obliga a volver a proyectar nuestro camino, a darnos nuevas reglas, y a encontrar nuevas formas de compromiso, que apunten a experiencias positivas y a rechazar las negativas”.+

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