sábado, 10 de junio de 2017

PORTAL: "AHORA LA TV PÚBLICA ES MÁS PLURAL QUE CON LOS K".

      Por Cecilia Filas/El Cronista.- Concentrado en sus proyectos de cine y series, analiza el mapa de la ficción y los shows de noticias en la Argentina. Y le pone fecha de vencimiento a las señales tradicionales ante la avanzada del streaming. Distancia: Espacio o intervalo de lugar o de tiempo que media entre dos co­sas o sucesos”. En 2016, con la venta de su porcentaje de GP Media –la productora que nació en 1994, al ca­lor del éxito del programa PNP–, Gastón Portal ofi­cializó su distanciamiento de la televisión, al menos como productor. “La verdad es que ya había tomado la decisión de no hacer otra cosa que lo que tenía ga­nas. Había puesto una productora pensando en hacer ficción... Bueno, no me salió. Entonces, tal vez, si probaba no teniendo la productora... ¡Y me salió me­jor!”, concluye, entre risas. Ahora, a la distancia, de­dicado completamente a la ficción –su miniserie La última hora, protagonizada por Daniel Araoz en el rol de un sicario que empatiza con sus víctimas y les cumple su deseo final– ya está disponible en Netflix–, el creador de exitosos ciclos como RSM e Intratables se permite una de las cosas que mejor sabe hacer: repasar pasa­do, presente y futuro de la tevé.
Hace unos años le diste el certificado de defunción a la televisión de aire. ¿El futuro de la ficción está en las plataformas digitales? 

 No veo que los canales tengan ningún tipo de deter­minación en el futuro de la ficción. Creo que ahora no son más que plataformas donde poner conteni­dos. Siguen siendo opciones muy populares todavía, pero no son las únicas. Y eso tiene fecha de venci­miento. No hay que ser un gurú para saber cómo van a ver televisión las nuevas generaciones: sólo hace fal­ta tener hijos. No hay posibilidad de que mi hija, de 8 años, cuando tenga 25 vaya a ver un contenido que sale los martes a las 23 en Canal 9. Entonces, no sé hacia dónde va la televisión, pero hacia dónde no va creo que es evidente. 

 ¿Cuál es el balance de tu experiencia en este formato hasta ahora? 

 Para mí es una gran oportunidad para hacer ciertos contenidos de ficción más elaborados que, por una cuestión de plata, son imposibles de hacer en la Ar­gentina si no están financiados o dentro de un arre­glo mayor. Como es el caso, por ejemplo, de Polka, que cada tanto hace una: no gana plata pero tiene los beneficios por las tiras. Con lo que cuestan estas se­ries, la posibilidad de recuperar la inversión con la pu­blicidad de un canal es utópico, casi. Entonces, estas nuevas plataformas te dan esas posibilidades que ya no existen a nivel local. Y, aparte, te permiten trabajar internacionalmente, una oportunidad que era total­mente impensable para nosotros antes. 

 Tus últimos trabajos (Las 13 esposas de Wilson Fernández y La última hora) se transmitieron por la Televisión Pública, ¿encontraste ahí el espacio que no conseguiste en los canales privados? 

 En la televisión de aire están repartidos –hace rato, ya– los pocos nichos que existen y es casi imposible penetrar ahí. La realidad es que hay dos canales que hacen ficción: Telefe y El 13. Por un lado, sería in­concebible que El 13 acepte otra productora más que la propia; y en Telefe trabajan con tres o cuatro pero tampoco tienen mucho espacio para seguir in­corporando. Por lo tanto, no hay muchas opciones. La verdad es que cuando uno hace algo de lo que se siente orgulloso, quiere que lo vea la mayor cantidad de personas. Entonces, es obvio que uno preferiría que salga en un canal que tenga más rating para que llegue a más personas. Los canales no son como un equipo de fútbol, en el sentido de que se muere con la misma camiseta, sino que son lugares que te per­miten visibilidad. Me parece que la TV Pública tuvo, de todos modos, un target muy interesante que hizo disparar el boca en boca en las redes, porque es un público realmente acostumbrado a contenidos más ri­cos o fórmulas menos comerciales. 

 El cine fue tu gran asignatura pendiente durante 20 años. ¿Cómo fue el reencuentro? 

 En realidad, empecé a haciendo ficción en el ‘90 y mientras surgió PNP, que es lo que terminó hacién­dome tener una productora de entretenimientos. En esa época, estudiaba en la Universidad del Cine con todos mis ‘compañeritos’: Damián Szifron, Mariano Llinás, Jazmín Stuart, Nico Goldbarg, Ana Katz. En la misma ‘aulita’ estábamos. Siempre tuve al cine en la cabeza y armé una productora con la idea de hacer ficción. Lo que pasa es que es tan difícil la tele –por­que siempre trata de encasillarlo todo– que no pude hacer otra cosa que programas de archivo y de entre­tenimientos en general. Y, bueno, eso me fue llevan­do... Pero no reniego de nada, porque vos terminás haciendo lo que fuiste trabajando durante toda tu vi­da. Para mí, todo este tiempo no fue perdido sino in­vertido en llegar, con la cabeza que tengo ahora, a hacer otras cosas. Leo guiones que escribí hace 15 ó 20 años y hoy no los filmaría, me parece que soy otra persona. De alguna manera, hasta respiro aliviado. 

¿Cómo analizás el conflicto del Incaa? 

 Me parece bárbaro clarificar y limpiar. Pero no lim­piar de gente, sino limpiar las formas para transparen­tar cómo se hace cine. ¡Perfecto! Creo que nunca terminó de ser súper transparente el Incaa, y todos lo sabemos un poco. Pero la posibilidad de que, en rea­lidad, el tiro fuera, por elevación, a quitarle presu­puesto y, con eso, casi terminar de un plumazo con una industria de tanta calidad y que tiene tanta nece­sidad de darle voz a la identidad de un país... Y, pre­fiero ser paranoico. Nunca sabremos si era una cues­tión de paranoia o si se detuvo la tempestad a tiem­po. Creo que está buenísimo que el Gobierno haya explicado que de ninguna manera se iba a tocar nada, ni los presupuestos ni la convergencia. Saltaron to­dos: saltó (Juan José) Campanella, (Adrián) Suar... ¿Por qué creés que saltaron? Habiendo la grieta que hay, nunca estuvo tan unificada la industria del cine. Sinceramente, creo que es eso: dejar en claro qué se necesita y, tal vez, anticipar la locura de los locos. En este caso se trabajó rápido y estuvo bien. 

 ¿Cómo ves la evolución de Intratables, siendo ‘el padre de la criatura’? 

 Es muy interesante analizarlo sociológicamente, porque es representativo de la comunicación y de las necesidades de hoy. Es gracioso, porque repre­senta muchas de las características o de las cualida­des que tiene que tener un contenido para ser con­sumido en las redes audiovisuales no tradicionales y, al mismo tiempo, es un bastión de la televisión en vivo. Y logró mostrar que en los programas pe­riodísticos –que caían, caían y caían, no se sostení­an, salvo lo que hacía Jorge Lanata de show de in­vestigación, que estaba buenísimo–, de alguna ma­nera, la forma es más importante que el contenido para la mayor parte de los espectadores. El grito, la presencia, la viveza para usar tu minutito... Nadie puede discutir un tema seriamente en un minuto ni decir un pensamiento profundo en tres y, encima, con 8 tipos más gritando. No hay ninguna posibili­dad. El que busca eso, realmente es alguien que no piensa de manera profunda. Pero, al mismo tiem­po, ahí se expresan todas las voces. En un momen­to en que, con la grieta, uno no era periodista si no decía lo que pensaba, sin importar lo objetivo, y que se tiraba a una especie de circo romano en el que Santiago del Moro es el domador, es como que vale todo. Me parece muy interesante en lo que se transformó Intratables. 

 ¿Como comparás la política cultural K versus la de Cambiemos? 

 Es muy amplio... Porque una cosa es no apoyar fi­nancieramente al teatro, como pasa ahora, que hu­bo una reducción; y otra es la elección de hacer tal o cual programa dentro de un canal. Sinceramente, creo que es mucho más plural la TV Pública de es­te Gobierno que la del anterior, no hay duda. 678 es un programa que me parece interesante por su estructura y formato, pero cualquiera que haya es­tudiado un poquito de propaganda política o haya leído algo de (Antonio) Gramsci sabe que era lo menos parecido a periodismo que se vio en los últi­mos tiempos.

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