martes, 6 de junio de 2017

LA LUCHA BONAERENSE Y EL TALÓN DE AQUILES DE MACRI.

      Por Fernando Laborda/La Nación.- Es sabido que las próximas elecciones legislativas no alterarán mayormente la relación de fuerzas que existe actualmente en el Congreso, aunque tendrán un efecto simbólico que afectará positiva o negativamente la confianza en el gobierno de Mauricio Macri y determinará mejores o peores condiciones para el clima inversor. Una victoria del oficialismo generaría la percepción de que el actual Presidente tendría buenas chances de continuar hasta 2023 y no sólo hasta 2019. En cambio, una derrota catastrófica de la coalición gobernante debilitaría al primer mandatario, elevaría la incertidumbre en materia económica y podría paralizar proyectos de inversión.
Ahora bien, ¿cómo se mide un triunfo o un fracaso en estas elecciones nacionales de medio término en las cuales no estarán en disputa cargos ejecutivos, sino que sólo se renovará la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado? "¿Cómo se mide un triunfo o un fracaso en estas elecciones nacionales de medio término?" En todos los cálculos, incluso si no le fuera del todo bien en estos comicios, Cambiemos aparece incrementando su número de bancas de senadores, sumando entre cuatro y ocho a sus actuales 15, en tanto que podría sumar entre 15 y 20 escaños de diputados a los 90 que posee actualmente.

Al oficialismo lo beneficia el hecho de que en octubre renovarán su mandato los diputados elegidos en las elecciones de 2013, en las que Pro, la fuerza liderada por Macri, no tuvo una cosecha significativa. Quien más arriesga, por el contrario, es Sergio Massa, cuyo Frente Renovador debe renovar 11 miembros de la Cámara baja por la provincia de Buenos Aires. El resultado electoral podría medirse en función de la cantidad de bancas obtenidas por unos y por otros en función de las que deben renovar. Pero, al igual que en otras elecciones parlamentarias, la sensación térmica pasará por el distrito bonaerense. Una victoria en el orden nacional, por simple sumatoria de bancas, quedaría eclipsada si esa fuerza política cediese el primer puesto en la mayor provincia argentina. De allí que todos los ojos estén puestos en ese gigantesco distrito, donde todo indica que tres grandes frentes electores dirimirán supremacía: la oficialista coalición Cambiemos; el justicialismo, donde todo indicaría que, tras primarias abiertas, deberían converger kirchneristas y peronistas que buscan diferenciarse de Cristina Kirchner, como Florencio Randazzo, y el frente 1País, de Massa y Margarita Stolbizer.

 Para comprender las dimensiones de la provincia, hay que recordar que, de las ocho secciones electorales en que se divide el distrito, hay dos, que abarcan todo el conurbano, que sobresalen por su número de votantes: La tercera sección electoral alberga, según el censo de 2015, a unas 4.133.000 personas en condiciones de sufragar y está compuesta por 19 partidos, entre los que se destacan La Matanza, Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora y Esteban Echeverría y en los que predominan los intendentes kirchneristas. La primera sección electoral reúne a unos 4.124.000 votantes en 24 partidos, entre ellos San Isidro, Vicente López, San Martín, Pilar, Merlo, Moreno y Morón, en los cuales Cambiemos y el Frente para la Victoria se dividen la mayoría de las intendencias, aunque el massismo controla Tigre y San Fernando. Las restantes seis secciones electorales, a las que puede categorizarse como el interior de la provincia y que incluyen a La Plata, albergan a unos 3.600.000 votantes. En su conjunto, prevalecen aquí los intendentes de Cambiemos. Allá por 2009, el frente opositor al kirchnerismo encabezado por Francisco de Narváez se impuso en la provincia a la lista encabezada por Néstor Kirchner y Daniel Scioli por escaso margen. Pese a que perdió en la tercera sección electoral, le alcanzó con vencer por una muy estrecha diferencia en la primera sección y por amplia ventaja en el interior. 

 En 2013, el Frente Renovador de Massa, con el apoyo del macrismo, también le ganó al kirchnerismo, que llevaba al intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, a la cabeza de la nómina de diputados. En esa ocasión, el massismo arrasó en la primera sección electoral, triunfo en el interior y perdió por poca diferencia en la tercera sección. "La idea del macrismo sigue pasando por una estrategia polarizadora con el kirchnerismo" Compartilo De cara a las elecciones de este año, para distintos analistas de opinión pública, la clave estará en la primera sección electoral, donde hoy ninguna de las tres principales fuerzas políticas tiene un predominio neto, aun cuando Cambiemos parezca llevar ventaja. Estrategas del macrismo confían en que el oficialismo debería imponerse en el interior de la provincia, aunque admiten que se debería mejorar la gestión en Mar del Plata, Bahía Blanca y La Plata para asegurar una amplia victoria, en tanto que, en la tercera sección electoral, el kirchnerismo tiene más probabilidades de ganar. 

 Así las cosas, la idea del macrismo sigue pasando por una estrategia polarizadora con el kirchnerismo, tendiente a traccionar buena parte de los mismos votos que, dos años atrás, le dieron a Macri el triunfo en el ballottage aunque no habían ido a su candidatura en la primera vuelta electoral. La intención de Cristina Kirchner es que se hable del presente económico de los sectores de la población menos favorecidos, dejando de lado que la cuestión de la inflación era tabú en su discurso público cuando ocupaba la presidencia de la Nación. Massa, entretanto, buscará diferenciarse del macrismo y del kirchnerismo con su lema "Ni gobierno de ricos, ni gobierno de ladrones" y correr al Gobierno por el lado de los aumentos de precios. Ante esos ataques de la oposición, en el macrismo se admite que su talón de Aquiles es hoy el consumo interno. Su esperanza es que, ahora que los aumentos fijados en las paritarias comienzan a llegar a los bolsillos de la gente y se acerca el medio aguinaldo, se empiece a producir una recuperación. Su preocupación guarda relación con un temor a que ese probable aumento de la demanda lleve a nuevas remarcaciones de precios en supermercados y en productos de consumo masivo. De allí que funcionarios del Gobierno luzcan en las últimas semanas inquietos por mostrarles a esas cadenas empresarias que se las está siguiendo de cerca y que no dudarán en recurrir a las leyes de defensa de la competencia y del consumidor. ¡Aunque sus críticos los comparen con Guillermo Moreno!

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