jueves, 2 de marzo de 2017

MACRI, ANTE SU GRAN ENCRUCIJADA.


      Por Carlos Pagni/La Nación.- El discurso que Mauricio Macri pronunció ayer fue de una contundencia y una exaltación emocional desconocidas. Esa vibración guarda una proporción directa con una depresión emocional y política también desconocida. Las palabras que se escucharon en la Asamblea Legislativa se inscriben en una crisis de la que el Presidente se propone emerger. Para volver del abismo, se aferró a la escalera más segura: la confrontación con el kirchnerismo. Una reunión del lunes 20 de febrero, minutos antes del viaje a Madrid, ayuda a comprender esa retórica. Estuvo restringida al núcleo íntimo: Macri, Marcos Peña, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y Jaime Durán Barba. El ecuatoriano apeló a un argumento inapelable para el grupo: las encuestas. El oficialismo había caído unos 10 puntos. Para precisar las razones se encargó una batería de estudios cualitativos. Pero hay una causa que se sobreentiende: el escándalo del acuerdo con Franco Macri por la deuda del Correo. Durán Barba, que puede ser muy ácido, fue durísimo: "No se puede gobernar haciendo tonterías". Durante la charla hubo una referencia a la columna que el sábado anterior había publicado en este diario Carlos Reymundo Roberts: "La gran batalla: Mauricio vs. Macri".
Allí se describió un problema recurrente, que en el caso del Correo apareció sin disimulo: en Macri parece haber una disociación, una zona de clandestinidad, que irrumpe de manera compulsiva. El arreglo con Socma estuvo precedido por los Panamá Papers; la polémica por la asignación de rutas a Avianca, que originó otro expediente judicial; las gestiones judiciales de Daniel Angelici, ahora suspendidas, o las dificultosas explicaciones de Gustavo Arribas por una transferencia de dinero. Son hechos de naturaleza diferente. Algunos, desde el punto de vista jurídico, son irreprochables. Pero, en términos de imagen, convergen en una conclusión: el Presidente o sus allegados personales han sido el mayor factor de vulnerabilidad moral para el oficialismo. Para decirlo en los términos de un reconocido historiador: "Macri debió haber hecho su fideicomiso ciego con amigos y parientes". El Presidente está más indefenso que muchos de sus antecesores frente a cualquier reproche ético. Su legitimidad se constituye en contraste con "la década de despilfarro y corrupción" a la que se refirió ayer. Llegó al poder porque miles de personas en la provincia de Buenos Aires votaron a María Eugenia Vidal contra alguien a quien, con razón o sin ella, identificaban como "la Morsa". Pero el episodio del Correo produjo un daño especial. Nadie, salvo el ministro de Telecomunicaciones, Oscar Aguad, y el propio Macri, sabía, o quiso saber con precisión, lo que se había decidido. Por eso, además de afectar la popularidad del Presidente, la novedad abrió una herida silenciosa en el gabinete. 


La condena de ayer contra la corrupción, la más contundente que haya pronunciado Macri en toda su vida, estuvo destinada, antes que nada, a reparar el vínculo con un equipo cuyos integrantes fueron convocados con un mandato explícito: no robarás. Ese compromiso verbal hace juego con una decisión dolorosa para los Macri: el Estado pidió a la Justicia que declare caduco el reclamo de Socma por una reparación de $ 2300 millones por la expropiación del Correo. Fue una iniciativa del asesor jurídico Fabián "Pepín" Rodríguez Simón, muy próximo a Elisa Carrió, que es el más eficiente organismo de control con que cuenta la Argentina. Balance provisional: muchos miembros del equipo gobernante se entusiasmaron porque creyeron ver en el discurso de ayer una apuesta definitiva de Macri a su rol de presidente, más allá de cualquier determinación familiar o societaria. Macri está en esa encrucijada. ¿Qué efecto habrán tenido las palabras que Mariano Rajoy le dijo a solas?: "No hay que dejarse llevar por los diarios ni los enredos del entorno. Éste es el punto de llegada. No hay otra etapa. Por lo tanto, sólo hay que hacer lo que corresponde". El negocio del Correo tuvo otra nota perniciosa. Corrobora la mayor debilidad de la imagen pública de Macri. El flanco preferido de sus opositores. Del "gobierna para ricos" se deslizó a un reproche más corrosivo: "gobierna para un rico". Su papá. Sobre este fondo se recortan dos anuncios de ayer. El primero, un decreto que regula los conflictos de intereses, cuestión típica de las administraciones de empresarios. De Berlusconi a Vicente Fox; de Sebastián Piñera a Donald Trump, como desarrolló The Atlantic el viernes pasado. 

 La otra propuesta fue una ley para penalizar a empresarios corruptos. Es inocultable la influencia del caso Lava Jato, que llevó a la prisión a los más importantes empresarios brasileños. Entre ellos, Marcelo Odebrecht. Aquel decreto y esta normativa amenazan con cruzarse en un punto: Ángelo Calcaterra, el primo hermano del Presidente. Calcaterra es socio de Odebrecht en el soterramiento del Sarmiento, que, se supone con mucho fundamento, fue adjudicado previo pago de sobornos a funcionarios kirchneristas. Margarita Stolbizer pidió que se investigue si Calcaterra fue uno de los intermediarios del dinero. La cuestión se agrava porque, el 16 de junio pasado, el Gobierno destinó $ 45.000 millones a Odebrecht y Calcaterra. El DNU fue firmado por Gabriela Michetti. Macri estaba de viaje. La decisión desentona con lo que sucede en la región: no hay contrato de Odebrecht que quede en pie. La comisión parlamentaria que controla los DNU rechazó la medida. Blindada a la lógica, Cristina Kirchner la denunció cuando declaró por asociación ilícita. La historia tiene estas paradojas: Macri, que se crió en la cultura de la patria contratista, gobierna en un clima que lo obliga a remarcar más que nunca la línea que separa lo privado de lo público. Si aceptara el desafío, como prometió ayer, podría convertirse en el presidente que más hizo por rescatar la autonomía de la política frente a los intereses particulares. Un récord que un mito con cada vez menos feligreses atribuye a Néstor Kirchner. Ayer el Presidente pretendió refutar otra presunción que detectan las encuestas: como es millonario, es insensible. Destinó muchos párrafos a demostrar que su principal objetivo es reducir la pobreza. O defender la educación pública. Provocado por el diputado Depetri, incurrió en un nombre propio: Baradel. Eligió hace mucho a ese adversario. Baradel sueña con liderar al sindicalismo opositor desde la conducción de la CTA. Macri expuso una de sus convicciones de ingeniero: si se le gana al PJ, será con obra pública, el principal motor para salir del estancamiento. 

Anteanoche, en Olivos, elogió la claridad con que Nicolás Dujovne anunció, en este diario, el fin de la recesión. Él no se animó a tanto. Ayer sólo dijo: "Volvimos a crecer". La hipótesis: las miserias éticas se agigantan porque la economía no llega a entusiasmar. Macri volvió a identificarse con el cambio, como una posición emocional. Rozitchner puro, ahora bajo la inspiración de Jacques-Alain Miller. Insistió en la unidad de los argentinos. Un propósito que choca con su estrategia de poder. Desde el primer párrafo, cuando pidió "más verdad y menos relato", se contrapuso al kirchnerismo. La cámara fue a Axel Kicillof. Faltó Máximo Kirchner. Es lo que hay. Esa polarización confirma que Cambiemos eligió como campo de batalla la provincia de Buenos Aires. Sólo allí tiene sentido el ballottage interminable. En el resto de los distritos, salvo Santa Cruz, competirá con un PJ que, gracias al propio Gobierno, se emancipó de Cristina Kirchner. De manera que la confrontación automática con ella, adecuada a unas elecciones presidenciales, es dudosa frente a un rival territorial multifacético. Apenas previene una reunificación con la antigua jefa. El dilema oficial: ¿qué hacer con un PJ reciclado? Para ese sujeto no hay mensaje. Macri sólo mencionó acuerdos con el socialismo santafecino y con Urtubey, en Salta. Una consecuencia indirecta de este diseño del tablero: el Presidente fue aplaudido en 52 oportunidades. La gran mayoría, desde las bancas de Cambiemos. Ni al hablar sobre Malvinas logró unanimidad. No estaba previsto en el discurso. Fue un líder en campaña.

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