miércoles, 29 de marzo de 2017

DESNUDOS.

      Por Víctor Hugo Ghitta/La Nación.- Los cronistas de la historia pequeña (la gran historia ya le ha sido vedada) acaso reunirán en el futuro las ideas de Javier González Fraga. La última la deslizó al día siguiente de la marcha por la memoria: en su campo, dijo, alguien le confió que había gente ofreciendo unos mangos y un choripán para que la peonada fuese a la Plaza de Mayo. Esas cosas ocurren; ocurren también otras: malones enteros de ciudadanos que asisten todos los años a ese acto llevados apenas por el compromiso en la defensa de la democracia. Pero desde el campo -la rentabilidad que ofrecen las búfalas y el tambo, el confort rústico de quien no sufre privaciones- las cosas a veces se ven de otro modo. Sólo a veces. Ese volumen improbable debería incluir dos citas memorables del presidente del Banco Nación. Una de ellas refiere a la pobreza. Quisiera saber qué tan pobres son los pobres, soltó una vez. Es fácil: en cuanto traspone la tranquera, lo aguarda un vasto mundo de necesidades. Podemos decirle miseria. Otra vez se lo escuchó razonar que los chicos no deseados, que tienen veinticuatro horas de hambre y a los que se les ha puesto una marca en el cerebro, son como animalitos salvajes. Cosas que pasan: casi siempre, el lenguaje nos desnuda.

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