lunes, 6 de febrero de 2017

LA VOZ DE CHINA EN LA CUMBRE VATICANA SOBRE EL TRÁFICO DE ÓRGANOS.

Una bandera china en el Vaticano

      Por Gianni Valente/La Stampa, Vatican Insider.- Ciudad del Vaticano: El congreso sobre la «nueva esclavitud» del comercio de órganos: entre los huéspedes está el cirujano y ex viceministro chino encargado de erradicar abusos y prácticas ilegales relacionados con la política nacional sobre donaciones y trasplantes. La Santa Sede enciende los reflectores sobre la plaga del comercio de órganos humanos utilizados para trasplantes. Lo hace con el congreso internacional que comenzará el 7 de febrero en la Casita Pío IV, en el Vaticano, dedicado al tráfico de órganos y al «turismo de los trasplantes». Y en este marco, la República Popular China también ofrece una oportunidad preciosa para disipar, ante un público internacional y calificado, las sospechas y las sombras sobre los procedimientos utilizados en China en el ámbito de las donaciones y los trasplantes de órganos.
La cumbre, convocada y alojada por la Pontificia Academia de las Ciencias (órgano vaticano patrocinador, guiado por su Canciller, el obispo argentino Marcelo Sánchez Sorondo) pretende analizar un fenómeno incluido completamente entre las «nuevas esclavitudes» que también ha denunciado en su magisterio Papa Francisco.

El encuentro se propone describir la naturaleza y las dimensiones del fenómeno mediante datos y análisis que ofrecerán especialistas de más de 20 países. Los participantes también suscribirán y difundirán una declaración común, además de crear un equipo se sujetos competentes (funcionarios gubernamentales, abogados, investigadores y periodistas) para llevar a cabo, junto con los profesionistas de las instituciones sanitarias locales e internacionales, una ofensiva a largo plazo en contra de esta manifestación moderna de la esclavitud: «El tráfico de órganos», se lee en la presentación del congreso vaticano, «continúa en todo el mundo: en Asia, México y otros países de América Latina, en Egipto, Paquistán, India, con destinatarios que provienen de Canadá y Estados Unidos, de países de la Europa occidental, de Australia, y de países como Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. Irán es conocido porque su gobierno ha autorizado la venta de órganos humanos». En la lista de quienes participarán en la cumbre, figuran los nombres de dos exponentes de la administración china: Wang Haibo, consejero del Declaration of Istanbul Custodian Group (órgano encargado de implementar la «Declaración de Estambul» de 2008, que contiene las líneas guía a nivel internacional sobre la extirpación y el trasplante de órganos) y, sobre todo, Huang Jiefu, Presidente del Comité Nacional Chino sobre la donación y el trasplante de órganos. Médico cirujano, académico y ex viceministro de la sanidad china, Huang ha tenido un papel protagonista en la evolución de la política de Pekín en el terreno controvertido e insidioso de los trasplantes de órganos. 


En los años 80, para afrontar el aumento dela demanda de trasplantes, la China Popular legalizó la extirpación de órganos de los prisioneros condenados a muerte, después de que ellos o sus familiares hubieran consentido la operación. Tal práctica fue duramente criticada por las organizaciones de derechos humanos y por los organismos de coordinación internacional de la comunidad médica y científica. Mucho antes de la Declaración de Estambul, comenzó formalmente un cambio gradual en las políticas chinas sobre los trasplantes, para acercarla más a los estándares éticos promovidos a nivel internacional. Justamente Huang Jiefu fue uno de los principales protagonistas de este proceso. Fue él quien en 2011 reconoció en la revista científica «Lancet» que el 65% de los trasplantes en China utilizaba órganos de donadores fallecidos, y que entre ellos, más del 90% de los órganos trasplantados eran de condenados a muerte. En 2010, como viceministro de sanidad, Huang puso en marcha los primeros programas piloto para promover en la sociedad civil la donación voluntaria y para construir a nivel nacional bancos de órganos donados voluntariamente, involucrando y sensibilizando en esta campaña a los hospitales y a su personal. Mientras durante esos años las campañas de prensa de la secta religiosa Falun Gong hablaban de órganos sustraídos a los propios adeptos condenados en las cárceles chinas, Huang refirió en sus intervenciones en «Lancet» que se estaba llevando a cabo una paulatina erradicación en todo el país (y que tendía a la prohibición total) de la práctica de utilizar para trasplantes órganos de los detenidos condenados a muerte. 

En diciembre de 2014, ya acreditado como responsable del sistema de donación y trasplantes de órganos en China, durante un seminario Huang anunció que a partir del primero de enero de 2015 se habría eliminado completamente la extirpación de órganos de los prisioneros ajusticiados, y que se habrían utilizado solamente órganos donados voluntariamente por los ciudadanos, sin ningún tipo de coerción. En el congreso que se llevará a cabo en los próximos días en el Vaticano, la Santa Sede ofrece un público internacional autorizado para permitir que Huang presente de manera documentada los pasos que ha dado China en los últimos años a lo largo de la frontera éticamente sensible de las prácticas relacionadas con el trasplante de órganos. En esta delicada fase (y también muy prometedora) de las negociaciones entre China y el Vaticano, la participación de los representantes chinos en el congreso de la Casona Pío IV no solo expresa la intención de aprovechar esta ocasión para avanzar en las negociaciones. En esta circunstancia, se percibe, más bien, el carácter más íntimo del enfoque de Papa Francisco y de la Iglesia católica en el momento que está viviendo actualmente el pueblo chino: una disponibilidad amistosa para sostenerlo y acompañarlo sin chantajes y sin reproches por el camino para ver desde dentro los propios traumas colectivos, para reconciliarse con sí mismo y para alejarse de las prácticas colectivas y coacciones sociales inhumanas, que extienden las propias sombras sobre los ritmos febriles y concitados que viven muchas megalópolis chinas. Una perspectiva sugerida por Papa Francisco hace un año, en la entrevista de Francesco Sisci para «Asia Times»: «Quisiera decirle al pueblo chino: no te amargues, sino quédate en paz con tu camino, aunque hayas cometido errores»).

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