domingo, 15 de enero de 2017

MAURICIO MACRI, EL INTRUSO.


     Por Silvia Mercado/infobae.- Los peronistas lo ven un usurpador del Estado, al que consideran propio. El panorama de cara a las elecciones legislativas Lo digan en público o no, para los peronistas Mauricio Macri es un usurpador del poder, un error de la historia. En sus discusiones, pasan horas tratando de dilucidar cómo pudo haber sucedido lo que imaginaban imposible, a saber, que perdieran las elecciones con alguien que no hizo de Juan Domingo Perón el centro de su vida, ni para seguirlo ni para denostarlo. Macri no viajó a Madrid para intentar conocer al líder en el exilio, no estuvo en Ezeiza cuando volvió, no leyó sus libros, no se trenzó en debates eternos acerca de si hizo bien o no en dejar a su esposa como sucesora cuando sabía que se iba a morir. Tampoco es heredero de esas controversias en las que está asentada la política argentina. No lo une con el peronismo el amor, mucho menos el espanto. El peronismo, como se sabe, es el dueño del Estado en la Argentina. Por lo menos, los peronistas sienten que hay que pedirles permiso a ellos para gestionar "en su" lugar.
Se sienten perseguidos porque los que toman las decisiones no son "compañeros" ni les preguntan a ellos qué hacer. Otros, no peronistas, ocuparon los lugares que les corresponden por derecho propio, porque son peronistas y vibran con el subsuelo de la Patria que es peronista o no será nada. Ya no tienen amigos a quien pedirles favores y fueron perdiendo la ilusión de que Macri se vería obligado a escapar en un helicóptero. Pasaron una Navidad triste. No lograron ni una pueblada contra "Mugricio" en La Matanza. Nada es lo que era. A los radicales les habían tomado el tiempo, sabían cómo asustarlos. ¿Cómo se acorrala a un tipo ultrapragmático, que sobrevivió al kirchnerismo en su momento de mayor poder y tuvo la desfachatez de ganarles? Curiosamente, una de las personas que mejor conoce a Macri es Cristina Elisabet Kirchner: "Miren que este no es De la Rúa", les dijo en tono de advertencia a los gobernadores salientes y entrantes en la última reunión que tuvieron con ella, en Olivos, antes del recambio presidencial. Lo recordó el primer día que se reunió con el Presidente el misionero Hugo Passalacqua, hijo de periodista y licenciado en comunicación social de la UBA, uno de los mandatarios provinciales de mejor vínculo con el Gobierno nacional. 


 Dueña y señora de la argentinidad durante ocho años, Cristina concentró su reinado sobre una cuadra de la Plaza de Mayo, la que asoma a Balcarce. En los doce años que gobernó, el kirchnerismo fue ampliando su influencia sobre la Plaza de Mayo, quería hacerlo sentir incómodo al inquilino de la esquina que da sobre Bolívar, dominando el patio delantero y también el trasero de la sede del gobierno nacional. Cuando pudo, el entonces jefe de Gobierno de la Ciudad se mudó al nuevo edificio de Parque Patricios, en la calle Uspallata, y ¡sanseacabó! No compartió más el espacio público con Cristina y lanzó su campaña presidencial con la imagen de modernidad y gestión que quería transmitir. Infobae estuvo en la apertura oficial del edificio. Macri estaba exultante, estrenando un baño de multitud entre los invitados como forma de ir superando su fobia. Mientras tanto, los peronistas no sabían ni se interesaban por lo que estaba haciendo el que después los derrotaría en las elecciones. Pasado el primer año en el llano y con la perspectiva de la temporada electoral, entre los expulsados del poder anida una nueva quimera, la de un peronismo unido, para que no sea vencido. Tienen un gran candidato, Cristina, que concentra un piso (que en su caso es también techo) de 33% de los votos en la provincia de Buenos Aires. Es el dirigente de mayor volumen político en el peronismo, lejos. Y en las barriadas más humildes del conurbano bonaerense es el hada que les llevó el consumo a sus hogares pobres, como en tiempos de Perón y Evita, aunque sin exigirles que trabajaran o se educaran (como les exigían Perón y Evita). En efecto, el kirchnerismo fue la revolución del aire acondicionado y los productos de La Salada. 

Si cada vez se cortaba más seguido la luz y crecía el empleo informal contra el registrado, no era problema de ellos. Además, se solucionaba fácil, bastaba con seguir importando combustible y anular el INDEC. No era cuestión de estigmatizar. Cristina está volviendo a enamorar al peronismo. Tal vez sea la primera vez que se esfuerce. Recibe y sonríe a todos. "No hay ningún taita que se le plante", dijo un hombre que conoce el paño como pocos y considera inevitable que el peronismo bonaerense se alinee tras su figura. Podría no ser candidata y bendecir a Daniel Scioli, el hombre que no pudo con Macri pero evidentemente se tiene fe en esta nueva instancia. Ambos -Cristina y Daniel- tienen una oferta electoral excepcional, la restauración kirchnerista. Vamos a volver. Los intendentes del Grupo Esmeralda no encuentran candidatos mejores a Cristina/Scioli, muchos menos los intendentes del Grupo Fénix, más cristinistas que ninguno. El presidente del PJ bonaerense, Fernando Espinoza, también está encantado. Solo queda seguir limando a Sergio Massa, buscando que el peronismo massista se ordene detrás de Scioli, tarea a la que está abocado Alberto Fernández, convencido de que no hay espacio para seguir transitando por la ancha avenida del medio. Es que el massismo peronista no vive con alegría el acercamiento de Massa a Margarita Stolbizer y hay un fuerte movimiento rupturista en dirección al peronismo que quiere a Scioli de candidato, o sea, la mayoría del peronismo. 

Con un aditamento que ya empezó a trascender: el sindicalismo también está promoviendo la unidad, incluyendo a La Cámpora, como se demostró en la reunión que Héctor Daer convocó en el Sindicato de la Sanidad a donde asistieron Máximo Kirchner y el propio Massa. ¿Volverá el líder del Frente Renovador al redil bendecido por Cristina? Hoy parece imposible. Mientras tanto, al Gobierno no se lo ve preocupado ante la posibilidad de que el peronismo se presente unido en las elecciones de la provincia de Buenos Aires. Vienen trabajando desde hace tiempo bajo la hipótesis de que las elecciones son siempre polarizadas, "gobierno contra alguien", no hay tres lugares posibles. Y quien mejor representa a la oposición en las encuestas es el kirchnerismo/peronismo. Consultado Jorge Macri acerca de si tienen temor a competir contra un peronismo unido, el intendente de Vicente López y vicepresidente del PRO en la provincia de Buenos Aires le dijo a Infobae que "la clave de un espacio político que gobierna no es competir con otras fuerzas políticas o ver cómo es la oferta electoral peronista, sino dar respuesta a las demandas de la gente, ser genuino con su espacio y sostener las banderas que animaron a la gente a votar un cambio." Y agregó: "Yo creo que las tres cosas van a estar muy presentes este año, las obras se van a notar, la Gobernadora está dando las batallas que la gente valora y quiere, no hemos perdido nuestra esencia de lo que representamos y somos genuinos frente a la gente. Por eso veo que se consolidará el camino de cambio en la provincia". Por cierto, cerca de María Eugenia Vidal también piensan que no les resultará difícil alcanzar el 40% de los votos. "Ella sacó 39% en las elecciones a gobernador del 2015 y su imagen se consolidó sostenidamente, no vemos ninguna razón para que nuestros candidatos bajen de ese porcentaje, más bien todo lo contrario", aseguran. Como sucedió con otros líderes políticos en la historia argentina, el destino de Macri depende de una mujer. Si los pronósticos oficialistas tienen razón, si Cambiemos vuelve a ganarle al peronismo en las legislativas de la provincia de Buenos Aires, habrá dado un salto cualitativo y quizás deje de ser considerado un forastero en el Estado que los peronistas consideran propio. Solo así tal vez acepten que algo de política Macri aprendió. Claro que, primero, tiene que ganar.

Entradas populares

VISITANTES TOTALES