martes, 27 de diciembre de 2016

QUE SEÑAL QUISO DARLE MACRI A LA OPINIÓN PÚBLICA.


     Por Fernando Laborda/La Nación.- La salida de Alfonso Prat-Gay del Ministerio de Hacienda y Finanzas es, ante todo, una señal presidencial hacia la opinión pública. Es una manera por la que optó Mauricio Macri para mostrar, a un año de haber llegado al poder, su preocupación sobre la demora en la reactivación de la economía y una forma de deslindar responsabilidades. Los grandes logros de la gestión económica del gobierno macrista han quedado ya lejanos. Tanto la eliminación del cepo cambiario como el acuerdo por la deuda con los "holdouts" han pasado al olvido para buena parte de la sociedad, hoy inquieta por la inflación y el desempleo. Frente a ese escenario, había que enfatizar la idea de que el Presidente no se queda de brazos cruzados esperando la tan mentada lluvia de inversiones que se demora en llegar. Ante la imposibilidad de ofrecer resultados concretos en materia de reactivación, Macri recurrió a desprenderse de un fusible. Sería prematuro señalar que el reemplazo de Prat-Gay por Nicolás Dujovne en el área de Hacienda y Luis Caputo en la cartera de Finanzas puede constituir el fin del ciclo del gradualismo para pasar a una etapa de mayor ajuste fiscal, aun cuando no debería descartarse un mayor foco en la racionalidad del gasto público.
Especialmente, a partir de la consigna que fijó ayer el jefe de Gabinete, Marcos Peña, en el sentido de que el desafío de Dujovne será "ir a un sendero de equilibrio fiscal", en tanto que el de Caputo pasará por "mantener el esquema de financiamiento". La clave de la salida de Prat-Gay puede encontrarse en una de las palabras que más veces repitió Peña, al anunciar los cambios en el gabinete: "equipo". Al igual que la salida de Isela Costantini de Aerolíneas Argentinas, el egreso del ministro de Hacienda y Finanzas es un movimiento dirigido a garantizar alineamiento y coherencia interna. Las diferencias entre Prat-Gay y Macri sobre el diseño del funcionamiento del equipo y acerca de cómo organizar el trabajo dentro del gabinete ministerial eran evidentes. En términos futbolísticos, desde un principio, Prat-Gay hubiera querido ser nombrado como capitán de un equipo en el que era parcialmente resistido y en el que carecía de la total confianza del director técnico. Los choques que protagonizó Prat-Gay con otros miembros del Gabinete y con el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, son conocidos. 


Pero había algo más que también habría molestado a Macri: el ministro de Hacienda y Finanzas sentía, desde hacía meses, que no podía hacer mucho más desde una función tan acotada por la atomización del manejo de la economía en unos seis ministerios. En determinado momento, cuando existía la posibilidad de que la canciller Susana Malcorra fuera elegida secretaria general de las Naciones Unidas, trascendió que Prat-Gay deseaba aterrizar en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Esta alternativa ni siquiera fue considerada por la Casa Rosada, donde había otros eventuales candidatos para el Palacio San Martín. De algún modo, Macri se anticipó a la posibilidad de que Prat-Gay presentara su renuncia, cansado de una estructura ministerial con la que disentía. Además, lo sustituyó con dos figuras sin perfil político y con un pasado fundamentalmente técnico. Y, por si fuera poco, al desdoblar el Ministerio de Hacienda y Finanzas, ejecutó un movimiento para reafirmar su autoridad presidencial, enfrentando las críticas de quienes le pedían un "superministro" de Economía, y dando a entender que gobernar es administrar el disenso.

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